sábado, 26 de mayo de 2007

EL TERCER HOMBRE

Hace unos días mirando un blog leía la diferencia entre los jóvenes de los noventa y los ochenta en Chile… yo fui un niño de los ochentas y un joven en los noventa… la niñez, pese a todo no tuvo las trancas de la dictadura, pero pese a ello nunca he perdido la noción de vida y muerte… No soporto la idea de borrón y cuenta nueva, la idea de que las violaciones a los derechos humanos son cosas del pasado y ahora hay que mirar al futuro… no porque no quiera pensar en el porvenir todo lo contrario porque quiero que las verdades nos haga crecer.
Hoy en la hora de almuerzo todos hablábamos de nuestros amores infantiles de las cosas que habíamos hecho, de lo crueles que fuimos con algunos compañeros; tal vez cuando niños esos temas nunca eran nuestros máximos secretos… la niña que me gustaba, pero ahora más maduro podíamos todos hablar de lo que nos había pasado… lo mismo debe pasar en nuestros países… hablar con la verdad, decir la verdad, afrontar la verdad y asumir la verdad… no es lo mismo que echarle paladas de olvido… porque un futuro construido sin pasado es como una casa en la arena…
No soporto la idea de los muertos en la calcadora un pésimo profesor de historia siempre decía que la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, fueron el mal menor… porque si la guerra hubiese seguido habrían más muertos… aah entonces tiremos bombas, destruyamos ciudades, desintegremos personas… porque así construimos nuestra paz.
Jugar con la muerte es fácil, a veces se olvida que cada muerte es un sufrimiento y una pérdida para cada familia, se oye distinto cuando se indica que el tsunami del 2005 causo más de doscientos mil muertos… o que el holocausto mató a seis millones de judíos… para mi uno o millares es lo mismo y tienen el mismo nivel de gravedad desde Jean Charles de Menezes, el brasileño asesinado en el metro de Londres por confundirlo con un “terrorista árabe” hasta todas las víctimas kurdas, árabes o indoamericanas… el truncar una vida es algo inconcebible desde todo ámbito…
Holly Martins es un escritor estadounidense de novelitas policiales de éxito tibio conocido por algunas personas acepta la invitación de su amigo de infancia Harry Lime a trabajar a Viena, en plena época de la ocupación de la ciudad por los aliados después de la Segunda Guerra Mundial.
En general la Viena del siglo XX, es una época que los vieneses prefieren hacer como que no existe (muchas veces los europeos prefieren la amnesia al Mea culpa de sus historias); en el caso de la neutral Viena no se habla mucho del período de la Viena Roja, de la ocupación nazi y de la ocupación aliada y la subdivisión entre los cuatro países vencedores, es más romántico hablar del pasado imperial de los Habsburgo que de épocas oscuras… Afortunadamente existe El Tercer Hombre para recordar la ocupación de Viena, como Casablanca para recordar la ocupación nazi de París.
Volviendo a la historia de Holly Martins… al llegar a Viena se encuentra que su amigo Harry había muerto atropellado por un auto…
La imagen de su amigo vienés poco a poco va deteriorándose mientras va averiguando nuevas cosas de su amigo… hasta que como en sus novelillas Martins comienza a investigar la verdad de la muerte de su amigo Harry Lime.
Mientras la verdad comienza a aparecer… o mejor dicho a “resucitar”, pero mientras resucita se descubre que el tráfico de medicamentos es otra forma de jugar con la muerte…
Hay una conversación en un parque de diversiones, se ven las personas como puntitos negros, a veces matar es como echar insecticida para matar hormiguitas… así se ve en la política es que el bien común es más importante que el individual… el problema es que el límite entre lo individual y lo común no existe… ¿Hiroshima fue el bien individual el fin de la Guerra el bien común?... ¿Irak es el bien individual?... En el tercer hombre la amistad se pierde entre el bien común y el bien individual… la traición también… a veces parece ser que fidelidad y traición son sinónimos…

Bonus Tracks
1.- Página en IMDB
2.- Comentarios
3.- La escena del parque

4.- Parte de la Banda sonora de Anton Karas

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