Las caletas de pescadores tienen una mística propia que supera cualquier racionalidad de los mediterraneos, yo los respeto porque el mar no da explicaciones, no entiende ciclos ni sensaciones... es un cuerpo inmenso que así como regala también quita, es caprichoso y traicionero. Por lo mismo se merece la adoración, el miedo y el culto. Cada día me convenzo de lo importante que es tener algo en que sostener el espiritú, a veces la arrogancia agnóstica nos hace olvidar que eso desconocido que hace que el mar se mueva, que el fuego brote de las montañas y que hace que nuestro corazón bombee nos mantiene cada día creyendo en que puede haber algo mejor que lo que tenemos.
En medio de la arena se percibe a un hombre en con un traje blanco, chaqueta y pantalón... nadie se viste así en Xaréu, es que la playa la samba y el mar, han hecho de este pueblo de descendientes de esclavos africanos que desconozca a un viejo residente. Firmino (Antonio Pitanga) ha regresado a la caleta, la ciudad le entrego más fortaleza, pero también vivió escondido de la policía... la nostalgia lo trajo de regreso... también el amor por Naína (Lucy de Carvalho), pero el impetu de su regreso rapidamente se aplaca con la pasividad de los habitantes del poblado, que vive tranquilo entre la calma, la rutina y los espíritus divinos que acompañan la pesca.

Los años sesenta fueron de Barravento, hace unos días mirando la filmografía de Ozu en Japón se notaba el cambio generacional, el Brasil también comienza a despertar de años de adormecimiento con una idea y una cámara Glauber Rocha se convierte en un nombre incendiario y transformador de las entrañas más profundas del Brasil para armar un cinema novo que pudo haber sido un pivote de lo que el continente americano gritó por un momento.
Saludos a todos.
Bonus Tracks
1.- Película en IMDB
2.- Comentarios en Filmaffinity
3.- Barravento en Wikipedia
4.- Escenas
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