Yo no quiero que las flores sepan los tormentos que me da la vida. Si supieran lo que estoy sufriendo por mis penas llorarían también.
Silencio, que están durmiendo los nardos y las azucenas. No quiero que sepan mis penas, porque si me ven llorando morirán.
(Rafael Henández)
El silencio ha sido uno de mis peores enemigos de la vida, por callar cosas he perdido muchos momentos, porque el silencio es casi como mentir, el problema es que... es mentirse a uno mismo. Es hacer creer que uno está bien, siendo que todo cuerpo quiere decir lo contrario, que se muere de ganas de besar o que por el contrario tiene ganas de mandar todo a la mierda. La falta de comunicación verbal es parte de la traición, porque al receptor que no escucha, no indica que no sepa... simplemente no se da por enterado y es capaz de seguir por el mismo rumbo esperando esas palabras peligrosas que confirman lo que los gestos dicen...
En una tarde en blanco y negro, Ester (Ingrid Thulin), Anna (Gunnel Lindblom) y el pequeño Johan (Jörgen Lindström) toman el tren de regreso a su ciudad, en pleno viaje una tos con sangre de Ester detiene el viaje para un descanso. Los caminos se detienen, y el regreso agrega una estación desconocida para los tres viajeros. Mientras los ojos del niño ven el desfile de la ciudad vacía, silente y con un extraño idioma. Un antiguo hotel en que el silencio solo se interrumpe por los sonidos extraños de habitaciones oscuras y enanos españoles. Los hoteles parecen mundos extraños dentro de las realidades, mientras en el exterior los tanques pasean por las calles, la música de Bach es el único nexo entre dos lenguas confusas.
El silencio entre Ester y Anna es un silencio de odio y envidia. Mientras la primera se dedica a traducir textos, Anna se dedica al cuidado de su hijo y de la enferma. La manipulación es parte del silencio, pese a la tensión, Ester ha sabido mantener a Ana a su lado como un yugo represivo que parece inexplicable para muchos, pero el tiempo parece pasar tan rápido que sin dar cuenta, va llenando de arrugas las frentes. Mientras el pequeño Johan pasea sólo por un mundo adulto extraño y mentiroso. Porque las miradas siempre son honestas y los gestos delatores, en cambio las palabras son sentencias que confiesan voluntad, independiente de que sean verdad o no.
Anna superada por el yugo de la mentira necesita escapar, ya no importa con quien, desea salir de su hermana alcohólica y de su hijo, está dispuesta a recorrer ese extraño mundo de Timoka, la ciudad desconocida y abrazarse a lo que se pasee por el camino… así es como llega hasta la cama con un mesonero de un bar, en otra habitación del hotel, donde sin querer su hijo observa con que ella se encierra con el desconocido. En medio de gemidos de placer el odio a la hermana se descarga en oídos que no entienden el significado de esas libertades. El silencio, en Bergman atormenta al igual que en Persona, es una acción de omisión que permite que los días pasen simplemente agregando más aire a la válvula de presión, haciendo que las cosas peligren y exploten. Acá la despedida es trágica sin vuelta atrás, sin esperanzas… pero pese a todo, las pocas palabras que brotaron de los breves diálogos bastaron para que las vidas tomaran el rumbo que correspondía.
Mientras escribía el post de Como en un espejo, pensé buscar una frase que salía citada en otros blogs, que correspondía a la película que al parecer es de San Pablo. La verdad la cita no la encontré y por lo mismo no la puse... pero mientras buscaba en un libro que no abría desde mi juventud, cuando Dios ocupaba un lugar más importante en mi vida... tanto así que pensé en hacerme sacerdote; encontré citas rayadas, destacadas y muchos papeles que no se abrían por mas de diez años... pero lo que más me llamó la atención fue la cantidad de "santitos" que se encontraban a modo de marcadores de libros... en cada uno se recordaban confirmaciones, primeras comuniones y ordenaciones sacerdotales. Sobre todo ordenaciones... que eran una mezcla entre matrimonio y titulación, en que los sacerdotes se acostaban completamente en el suelo mientras se invocaba a los santos en una letanía llena de simbolismos, mientras el nuncio apostólico y los obispos se encontraban presentes... ahora diez años después veo que de los dieciocho santitos de ordenaciones sacerdotales que habían en mi biblia, sólo quedan dos sacerdotes ejerciendo... mientras que el resto se casó, salió del closet o simplemente se retiró... sin contar a los seminaristas, de un momento a otro (creo que en el año 2006) los sacerdotes que conocí se retiraron a vivir sus vidas de casados.
En una iglesia luterana el pastor Tomas Ericsson (Gunnar Björnstrand) celebra la misa para unas pocas personas, el organista, el sacristán y un par de familias, al terminar el pastor vuelve a la sacristía con la soberbia que por mucho tiempo le hemos visto a algunos religiosos. Yo lo viví en el colegio, cuando ellos nos querían demostrar constamtente que eran "superiores" moral e intelectualmente que nosotros los laicos. El tiempo actual ha ido demostrando en algunos casos que esa moralidad no era tan correcta como creíamos. Pero el pastor Tomas está agotado, parece que para çel hacer la eucaristía es más un trámite que una necesidad del fuego interior... y en la desolaión de de los días no queda más que disimular su propia depresión.
De las cosas que aprendí fue que la iglesia es la unión del templo y la gente... aca la iglesia está tan vacía como el alma. No se necesita ser un religioso para descubrir que el mundo es menos creyente, pero quienes al parecer parecen llamados a guiarnos a veces no tienen la consistencia de otros curas. De quien se espera un palabra de apoyo, se va recibiendo una y otra puya, mientras uno embobado o maravillado de la grandeza de las cosas sencillas, va viendo como entre palabras bonitas los mensajes se pierden. Es que al final ningun ser humano es superior a las vivencias que tiene y para el pastor Tomas su vida murió junto a su esposa, al enterrarla con ella se fue su alma y se fue Dios. Nada más tuvo sentido, nada más tuvo fuerza y nada más tuvo fé... sólo queda seguir contando las horas en que la muerte pase a buscar el cuerpo vacío.
Dónde queda Dios en medio de tanta desolación, ¿porqué lo hace tan injusto?, porque el amor incondicional de Martha (Ingrid Thulin) no parece importar, cuando pareciera que la soledad hace que la vida crea cosas que no son. Los labios de David se dejan posar en los de Martha buscando el sabor olvidado. Parece que Dios se aleja de la voz del pastor, se aleja de ese rito hueco, sin alma que se siente en la fría iglesia... mientras las campanas siguen pregonando la eterna celebración de la resurrección. Mientas arrollados todos esperan con la boca abierta el caliz y la ostia que intentan calmar la conciencia y los dolores de algo que poca convicción parece tener... y que puede provocar la muerte.
Al parecer la vida, tarde o temprano, se encarga de nombrarnos las cosas por su nombre, de decirnos que ese ser abandonado si se encuentra y que la verdad aunque dolorosa, nunca hace mal... encontrarse a si mismo... es como mover una roca para encontrar esa fuente de luz que parece limpiarnos la cara, y decirnos que hay que tomar las decisiones, dejar las ambigüedades y comenzas de una vez por todas a vivir.
Este pedazo de la historia es aguerrido para ver y reposar. Parece que es definitivo se rompe todo y todo vuelve a comenzar. Silvio Rodríguez.
A veces de tanto ver seriales y películas, muchos creemos que nuestra vida también lo es. No porque uno no quiera entender la realidad de la ficción, creo que más bien es porque uno siempre desea tener un final feliz… como si morir fuera un acto de felicidad. A los “artistas” creo que el sentimiento es peor aún, entre iluminados y “personajes” que me ha tocado ver, por la investigación de una amiga… han desfilado escritores que quieren llenar sus palabras de grandes epitafios, fotógrafos que desean mujeres desnudas tras sus lentes, músicos que aún luchan por que se les reconozca y los actores de teatros que añoran tener más fama que todos los nuevos seres humanos de los realities de la televisión. Pero en el fondo entre el colorido de las palabras, los ropajes, esas boinas guevarianas, esos trajes de Amelie y esas barbas intelectuales… se siente el eco de la soledad, del deseo perdido y del esfuerzo por ser más intelectual… superando cualquier costo. Las familias quedan atrás, los hijos; en fin... esa sensación de superioridad que algunos creen tener por sus cargos, sus cosas o sus creencias van llenando nuestra ciudad de fantasmas y dioses muertos que se convierten en arañas negras que envenenan la esencia de lo cotidiano.
En medio de risas se ve a lo lejos a cuatro personas que nadan en las heladas aguas del Mar Báltico, al llegar al borde aparecen Minus (Lars Passgård) un joven hijo, Karin (Harriet Anderson) la hija mayor, Martin (Max Von Sydow) el esposo de Karin y David (Gunnar Björnstrand) el padre de ambos jóvenes que se dedica a escribir novelas, en distintas partes de Europa. El padre de regreso, aunque sea por unos días siempre es un momento especial para ambos hijos. Lejos del reconocimiento que el mundo le da a David... los hijos viven su propios días en un isla pequeña entre el muelle y las piedras... la vida gira en torno de Karin, entre un solapado incesto y las frigidas noches con Martin. El padre llena de vida los espacios olvidados de una vieja casa cada vez más ancha para los hijos.
Pero en medio de las risas del comienzo, las cosas se van colocando más oscuras, las mentiras siempres parecen hacernos bien, con ellas nutrimos nuestras ilusiones de esperanzas y finales felices. Pero la verdad es más fuerte y llena de aristas que no se pueden cubrir, ni con la omisión ni la falsedad. Así en medio del silencio, Martin le cuenta a David que su esposa está mal... la enfermedad es incurable y queda esperar. Las reacciones cambian cuando nos dicen a todos que no hay vuelta y que lo que viene es distinto... y dificil. Para Karin, Minus, Martin y David las cosas parecen tener una desolación que no se compara a esa imagen feliz en el agua. La ausencia paterna se nota y se duele, ambos hijos han visto en su padre a ese ser supremo, que se le teme casi como si fuera un dios.
Pero al caer la noche en una zona tan cercana al círculo polar que no se sabe bien cual es la hora, Karin es despertada por las voces divinas, le hacen subir al segundo piso, encerrarse entre en una vieja sala, y los susurros rodean su cabeza, para buscar la puerta de Dios. Al volver del trance descubre en los escritos del padre que éste desea observarla y seguir su enfermedad más que todo para tener tema para su propia novela. El amor de David a sus hijos parece una obligación más que un sentimiento... pero es algo muy parecido a lo que siente Karin por Martin, casi no queda pasión por parte de ella, pese a la fidelidad total de él haca ella, ¿es libre el amor?. Al parecer en ocasiones parece un maldito compromiso que nos hace ser responsables, o ser capaces de inmolarnos para creer que estamos bien.
Nos han dicho siempre que Dios está en todas partes, pero en la casa de los hijos de David, parece que se escondió en una puerta, para encontrarse sólo con Karin, mientras su padre finge y su esposo trata de seguir amando y Minus soporta temeroso la vida que le toca. Parece ser todo parte de un espejo oscuro que muestra lo peor de cada uno. Mientras un padre famoso, escritor e intelectual que se dedica a escribir del amor, nunca ha tenido un poco de lo que cuenta para sus hijos. Mientras el amor y Dios son cosas que se desvanecen y transforman en una araña negra... la amargura de la soledad acompañada hace que vivir sea un mal recuerdo. " Como en un espejo" es parte de la trilogía de la existencia de Dios que Bergman realiza en conjunto con películas como "El silencio" y "Los Comulgantes"... ya estarán acá.
El roba rosas por jardines de su barrio La siesta es cómplice total Y siempre hay alguien que lo ve y ríe sin querer volviéndose en el tiempo
Ella deshoja margaritas en su cuarto Anoche lo trató tan mal Y siempre vuelve a aparecer con ese no sé qué que deja sin aliento
El busca formas de decirle que lo ama No sabe por dónde empezar Le lee poemas sin parar Se quiere cerciorar de que él siente lo mismo
Amor de juventud Sus brazos por primera vez Amor de juventud Un beso y es el infinito Amor de juventud (Pedro Aznar)
Esas cosquillitas en el estómago, se supon que en algún momento se pasan (a mi aún no), pero son esas sensaciones hermosas que el cuerpo regala, como un indicador de que el amor anda cerca... esas cosquillitas fueron las que aparecieron en Harry (Lars Ekborg) cuando en un café la voz de Monica (Harriet Andersson) le susurró por un cigarro... de ahí todo fue distinto para la vida de ambos... ese instante se convirtió en el infinito de ambas vidas, una simple conversación fue la puerta a todo lo que viene en nuestras vidas... Harry trabaja en un almacén, mientras Mónica lo hace en una verdurería y vive con sus padres y sus hermanos. Ambos jovenes del Estocolmo de los años cincuenta viven su vida entre el cine, las citas y sus trabajos.
La rebeldía es parte de ser joven y ambos lo sienten y los saben, mientras los adultos aún consternados con los duros días de los cuarenta, en que los que fueron jovenes odian a los que son jovenes ahora, porque no les ha tocado oler la muerte de cerca. Así Mónica deja su casa y Harry es despedido del trabajo. Sólo queda el verano, el amor y una lancha para recorrer, tres elementos perfectos para un verano inolvidable de enamorados... así los canales llevan a la solitaria isla de Örno. Pero lo intenso del amor es también porque ambos son distintos, Harry es un joven tradicional, huérfano desde pequeño desea ser ingeniero; en cambio ella se levanta con un cigarro en la boca y la delicadeza es una virtud escasa... pero es hermosa y eso es más intenso que cualquier cosa y con Harry la sensualidad se desborda por todos sus poros.
Estocolmo es dejado atrás casi como proto Hippies, ambos se dedican a vivir sus días en la isla solitaria, al máximo del placer, conversar en la fogata, cantar, beber y hacer el amor... (¡donde queda esa isla!)... un día de esos inolvidables Monica le cuenta a Harry que está embarazada, así que pronto no queda otra que regresar a la ciudad... el verano termina y comienza el otoño... y con él otra vida, ahora como padres viviendo juntos, entre el llanto del bebé, el estudio, el trabajo y las exigencias de Monica, el amor parece diluirse entre otras necesidades más urgentes, todo es más duro ahora, atrá queda el día en que mientras pedía fuego se le quebraban los fósforos, ahora la vida era más dificil que el amor de juventud.
Pero pese a todo, queda el verano con Mónica como un recuerdo inmenso, su cuerpo desnudo en la playa, su sonrisa, las canciones cantadas con una botella de vodka y los besos hacia el infinito.
Mayo estará dedicado al cine del director sueco Ingmar Bergman que nos regaló un cine cerebral, de recuerdos, familia y sinceridad por siete décadas de historia que intentaré repasar.
Hasta que en un momento dejamos de ser niños, no se cuando, ni como, pero los años pasaron, el colegio, los juegos y la vida se encargó de enamorarnos, de hacernos profesionales y llenarnos de bienevenidas y despedidas. Miro fotos en que saltaba para prender el interruptor de la luz y otras en brazo de mis abuelos, a la vez hace unos días veo los ojos del hijo recién nacido de una amiga que mira a su madre como si fuera el sol... en medio de los ciclos no sabemos más de lo que somos ni lo que seremos... mientras vamos poblando historias que pierden dramatismo en el tiempo. Mientras una amiga parte por unos días a Buenos Aires y su hija cuenta con sus deditos los días del regreso, para ella cinco dedos es mucho... y mientras escribo ésto trabajo localizando dieciocho mil direcciones de la ciudad de Santiago... y esas dieciocho mil son menos dolorosas que esos cinco deditos de la mano esperando el regreso de la madre. Los mundos aunque distintos son iguales, tenemos las mismas esperas, ilusiones, sinsabores y emociones... por mucho que se diga que las vidas en oriente y occidente sean distintas, esta breve pasada por el cine indio me ha demostrado que sentimos el mismo amor, las mismas injusticias y masacres parecidas... La India como subcontinente colorido ha entregado al mundo la honestidad de su modo de ver la vida.
Apu (Soumitra Chatterjee), quedó sólo en Aparajito, su madre murió sola esperando el tren que traería de vuelta a su hijo de Calcuta. El niño que vimos en Pather Panchali que vió morir a la abuela, su hermana, su padre y su madre, se ha titulado en ciencias se ha convertido en su hogar mientras busca trabajo y termina su posgrado. Mientras su novela comienza a tomar curso... en realidad la novela es su propia vida y que espera publicar alguna vez. Pese a todo Calcuta es un lugar sólo para él, sin familia solo queda seguir creciendo, hasta que en algún momento se reencuentra con su amigo Pulu (Swapan Mukherjee) quien entre conversaciones del pasado y del futuro le pregunta a Apu... en qué momento tendrá una pareja. No había pensado en eso Apu... y Pulu le pide que lo acompañe a su pueblo al matrimonio de su prima Aparna (Sharmila Tagore)
Una vez más el tren es el protagonista estable de esta trilogía, ahora camino a Khulna los sonidos del viaje llegan a los preparativos de la boda india, donde conoce a Aparna y la familia de Pulu, como si fuese uno más de la familia es recibido con cariño. El día de la boda todo está preparado en un carro llega el novio con un problema palpable por todos, tiene serios problemas mentales. El matrimonio ya estaba convenido así que según el padre debía realizarse pero la madre de Aparna se niega a casar a su hija con un perturbado mental. Según la tradición la novia tiene su hora señalada en el destino para casarse, si no lo hace quedará soltera para toda la vida, lo que para ellos (como para algunos por acá) es una maldición. El único soltero que anda cerca es... Apurba Roy... es decir Apu... y pese a los problemas el tren de que regresa de Khulna a Calcuta trae de regreso a Apu con su esposa Aparna.
No es fácil la vida de casados... muchos me lo han contado, y en el caso de Apu y Aparna en que el matrimonio fue más por las causas y azares que por amor, las cosas no tienen menos fricciones. Pero también la estabilidad para Apu, comienza a trabajar en una oficina y la atención de Aparna le ha cautivado. Ambos están enamorados y la vida se encarga de premiar los hermosos momentos que vemos en el humilde departamento de Calcuta con un hijo. Aparna está embarazada y dichosa de que la suerte los ha acompañado. Mientras Apu debe seguir trabajando Aparna decide regresar a la casa de sus padres para estar acompañada por su familia en éstos momentos de delicado cuidad y de extremada sensibilidad. Apu mientras sigue trabajando en Calcuta esperando el día del regreso a Khulna con Aparna y Kaajal su primogénito.
Un día llega el hermano de Aparna llorando hasta el departamento, el hijo ha nacido Apu es padre... pero también es viudo porque Aparna falleció en el parto... no puede ser que la maldición continúe, ya ha despedido hermanos padres y ahora a su esposa... y todo por culpa de un hijo... es lo que piensa Apu, mientras vive sus horas más oscuras, no tiene la fuerza ni el valor para conocer al niño que asesinó su amor, ya nada importa su novela la destruyó, sus sueños no tienen valor y la soledad que antes amaba ahora se vuelve una espina en la conciencia... ya no hay pasado ni futuro el presente es cada paso que se toma y hace que perderse en la niebla sea mejor que afrontar la vida. La dura vida de Apu no termina de castigarlo una y otra vez... de ese manantial que los pobres y desdichados deben beber para salir de la depresión es de donde Apu debe volver a retomar las fuerzas para afrontar la verdad.
El cine indio que he presentado en Abril fue una llave que abrío Satyajit Ray para occidente y que nos ha bañado de historias de Mira Nair, Deepa Mehta, Yasis Chopra, Ritwik Ghatak y el cine de Bollywood que no conocemos, de fiestas de matrimonios, del sonido del citar, de las mujeres vestidas de saris coloridos, de los trenes, los ríos, los elefantes, de hindúes, siks y musulmanes; de canciones con voces comunes y coreografías de fantasía. Pero también la India que casa a niñas con ancianos, que estuvo al borde del exterminio después de la independencia, la India pobre que duerme en la calle, la discriminada, la vecina de la muerte... esa India tan latinoamericana en sus colores, olores y dolores... en su mensaje y en sus sueños... espero encontrarla pronto mejor de lo que es, para que nos siga enseñando lo importante de ser.
Tómame ahora que aún es temprano y que llevo dalias nuevas en la mano. Tómame ahora que aún es sombría esta taciturna cabellera mía.
Ahora , que tengo la carne olorosa, y los ojos limpios y la piel de rosa. Ahora que calza mi planta ligera la sandalia viva de la primavera
Ahora que en mis labios repica la risa como una campana sacudida a prisa. Después...¡oh, yo sé que nada de eso más tarde tendré!
Lo hermoso del cine es que nos permite mirar con otros ojos, la visión dirigida que el rectangulo indica va llenando los sentidos de quienes nos sentamos frente a él. Rendidos nos convertimos en los ojos de Fellini, Eisenstein o Spielberg... vemos lo que sueñan y lo que sienten. En Fuego uno distingue que el ojo que sueña la cámara es el de una mujer, y de las mejores... esas que sueñan con la libertad, que aman su tierra, que son orgullosas de ser mujeres, que están llenas y deseosas de dar vida, que quieren que las amemos... son la esencia de flores, son la belleza de esos ojos inmensos que se convierten en negro y blanco. El cine de Mehta en la trilogía de los elementos se convierte en una denuncia de la Tierra peleada, del agua perpetua de una niña viudad y del fuego de la pasión.
Nosotros, los hombres nos hemos dedicado a tantas cosas que se nos olvidan el momento del beso infinito, de abrazar a nuestra otra mitad, de pensar en lo dichoso que hemos sido estando juntos... y en un mundo como el indio de matrimonios convenidos, parece ser que el amor y la pasión son dos cosas distintas, mientras los años pasan el cuerpo se va volviendo más arrugado y la cabellera se va tiñendo de gris. La pasión se va quedando en esos cajones de viejos muebles entre papeles, fotos y recuerdos que parecen no ser necesarios. Mientras ellas en silencio van silenciando sus rabias y penas... me apena ver como el deseo se va diluyendo entre el amor, los hijos, el trabajo, los años y el cansancio.
En Dehli, un hogar compartido tiene un videoclub y un local de comida rápida, en él dos matrimonios convenidos habitan el mismo techo. Sita (Nandita Das) recién se ha casado con Jatin (Javed Jaffrey); mientras que desde hace más de quince años Radha (Shabana Azmi), se encuentra casada con Ashok (Kulbhushan Kharbanda). Es un tema esencial para los indios el estar casado... (a mi me dirían que estoy maldito... aunque a veces lo creo), por lo mismo las presiones por los matrimonios son fuertes y a Jatin le ha tocado casarse... pese que sigue amando a su novia oriental. Por su parte Ashok se ha convertido en un asceta porque su mujer ahora no es fertil por lo que decide ser celibe.
De un momento a otro ambas mujeres se dan cuenta de lo agradable que es estar juntas, y las caricias van indicando que la amistad se está convirtiendo en otra cosa, entre ambigüedad primaria de una amistad, se dan cuenta de que sus historias mutuas de dolor y soledad... y en esa soledad las manos comienzan a tocar otro cuerpo, y los labios comienzan a buscar otra fina fuente que sin querer comienzan a amarse. Ahora Sita y Radha se envuelven sin pensarlo en una relación lésbica que pese al ruidoso silencio... parece seguir un curso invisible para el resto de los que se encuentran en la casa. En un mundo machista como el indio... en que ser viuda es ser una muerta en vida... ser lesbiana es el peor castigo que puede existir.
Pero lo importante es amar, ser fiel y sentirse bien con el que se está al lado... para Sita y Radha son los primeros momentos de fuego intenso, de felicidad y de comprensión... ya con un buen abrazo se pueden solucionar más problemas que en el olvido de sus esposos, y es tan dificil ser lesbianas allá como en todos lugares... en medio del incendio que significa para ambas mujeres ser distintas al común les obliga a inmolarse social y publicamente... pese a ello tenemos otra lección de que se puede querer, amar y ser fiel. Que las dicisiones que el destino ha obligado se pueden retomar construyendo los sueños y de un modo poder alcanzar la felicidad.
Que entonces inútil será tu deseo como ofrenda puesta sobre un mausoleo. ¡Tómame ahora que aún es temprano y que tengo rica de nardos la mano!
Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca y se vuelva mustia la corola fresca. hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves que la enredadera crecerá ciprés?
Ahora en busca solo estoy del tiempo que he perdido desde ayer, buscando lo que había de hacer de mí. Cosa añorada en mi niñez porqué después crecí. (Silvio Rodríguez)
Es fina la línea entre el favor y el deber que a veces confunde, a quien lo hace como a quien lo recibe, sobre todo cuando esto se hace una constante. Mientras algunos están acostumbrados a que alguien haga algo por ellos hay otros que se pasan la vida ayudando al resto. Los primeros no tienen porque ser aprovechadores y los segundos santos. En las familias culturalmente es obligación ayudarse mutuamente, de padres a hijos, mientras que después es entre hijos a padres, cosa que puede parecer común para todos... el problema comienza cuando en la segunda etapa son los padres, o la familia en general la que comienza a exigir la ayuda del que parece estar mejor... ahí es cuando el egoismo del mendicante es capaz de carcomer los sueños de quien cree que sus acciones son una obligación. Me ha tocado ver como hijos se postergan por pagar carreras universitarias a sus hermanos, por ayudar a sus padres... cosa que es muy loable... pero eso mientras tus sueños no sean destruidos por cumplir sueños ajenos.
Las estrellas se cubren con la noche nublada, pese a ello Nita (Supriya Choudhury) trabaja en la oficina siempre, se le ha roto una sandalia, pero sigue caminando descalza... a la sombra de los grandes árboles se oye la voz de Shankar (Anil Chatterjee) su hermano mayor, su canto solitario adorna el paisaje... el problema es que por ese canto no recibe dinero alguno, por lo que Nita le presta. En la casa su padre es un profesor y su madre cuida a los dos hermanos menores Mantú (Dwiju Bhawal) y Gita (Gita Ghatak)... como es fin de mes, éstps saben que Nita viene con el dinero de su pago, y van a pedirle cosas. Nita tiene un novio llamado Sanat (Niranjan Ray) y no ha podido juntar dinero para la boda entre ambos, el deber de ayudar a la familia es más importante por ahora.
La cosas comienzan a cambiar cuando al padre tienen un accidente que le impide trabajar, Nita se convierte en el único sustento familiar, mientras el padre se trata de recuperar. Así el matrimonio entre Sanat y Nita se pospone. Mientras todo el mundo desprecia a Shankar, por ser el hermano mayor y a la vez un vago que canta por la calle, sin darse cuenta los años comienzan a pasar en una monotonía peligrosa que no permite el ahorro... lo que se convirtío en un favor ahora es una exigencia. Mientras a espaldas de su trabajo Gita seduce a Sanat. Mientras Mantú se enferma de tuberculósis y necesita ser hospitalizado... la única persona que va a saber como está es Nita... y el padre continúa enfermo en la casa. Así parece que los sueños de Nita comienzan a nublarse, mientras el tiempo comienza a borrar el futuro.
El escenario es horrible el día en que Gita le cuenta a Nita que se casará con Sanat, que le ha traicionado casándose con la hermana... mientras su familia nunca ha hecho un gesto de consideración o dar las gracias por todo el sacrificio, todo lo contrario... para la madre es una obligación ayudarlos. El único que le agradece es su hermano mayor, porque su hermana es la única que aún cree en él, pese a que no aporte nada a la casa... El destino seguira jugando en la dura vida de Nita. De tanto renunciar a su vida verá como las otras van surgiendo. Como si uno creyera que en la vida se puede volver atrás, se olvida que las renuncias no permiten un volver atrás, que mientras el tiempo pasa los amores se gastan, las personas se van y cada uno va armando su propia vida. Los caminos se abren y la felicidad se puede oscurecer.
Estoy seguro que muchos conocemos en nuestras historias casos de gente que se desvive ayudando a su familia. Pagando carreras a sus hijos, sobrinos o a sus padres. Cosa que no está mal, es más a veces yo también lo hago. El problema pasa cuando ayudar se convierte en una obligación, las cosas se van viciando y son capaces de destruir nuestras vidas y sueños... para adornar los ajenos... cuando soportar la carga de otros es tan pensada que impide caminar más lejos es el momento en que hay que reaccionar pero... ¿cómo saber donde está el límite?.