
No me imaginaba... que duraría tanto... desde ya agradecer todas sus visitas, agradecimientos y sugerencias.
A todos los amigos que he conocido no sólo en Santiago, en México, Mérida, Madrid, Lima, Estambul, Buenos Aires, Nueva York, Bogotá.
Una mirada... para abatir al albatros

Busco la claridad, la ternura en una mirada.
Me he cambiado a trabajar a una oficina en pleno Paseo Ahumada, uno de los lugares más concurridos de Santiago de Chile, hay tanta gente que he descubierto un nuevo placer... trepar por los rostros. Así mientras camino me fijo en cada persona y como si fuese un ángel de "Las alas del deseo" de Wenders, trato de adivinar a que vienen al centro, que piensan, que hacen y que viven... así mientras camino paso de un rostro a otro como si fuesen las lianas de una selva de cemento... todo parte desde la escalera mecánica de la estación Universidad de Chile... el desfile de caras es eterno... todas se cruzan por mi lado... es que entre tantos rostros se permite mirar caras sin intimidarse... en medio de esas estampidas humanas siempre pienso en toda esa gente que pasa por mi lado ahora sin importancia... ¿nos hemos encontrado antes?, ¿serán importantes alguna vez?, ¿cuántos moriran esta semana?, en fin... y así entiendo que la vida a veces tiene menos coincidencias de las que uno cree... y al contrario de Serendipity... las cosas a veces no se dan tanto como uno quiere.
"Cuentale tus planes al destino, para que se encargue de destruirlos" dicen los pesimistas y a veces lo creo... pero desde ellos parece que la vida comienza una y otra vez... tal vez por lo mismo la canción Elizabeth Morris se traslucía con las historias que veía en Bremen, Alemania y la bella Estambul... viajar contiene una nube de anhelos, sueños y deseos que esperan de un regreso, porque si no hay regreso, no existe viaje... la necesidad de buscar el timón para encontrar nuevos mares en que navegar han hecho del vivir una serie de desencuentros que le entregan ese sabor amargo que, aunque no queramos, debemos probar.
Mientras el viejo Ali (Tuncel Kurtiz) camina por una calle se encuentra con los "servicios" de Yeter (Nursel Köse) una prostituta que se fue a Alemania para encontrar mejor suerte, dejó en Estambul a su hija Ayten (Nurgül Yesilçay), a la cual ,por supuesto, no le dijo que se iba al norte de Eurupa dedicarse a ese oficio... le contó que vendía zapatos en Bremen y por lo mismo siempre le envió zapatos. La suerte comenzaba a cambiar para ella, porque el viejo Ali se había enamorado de ella, y le ofrece pagar para que se quede en su casa para siempre... El hijo de Ali, Nejat (Baki Davrak) no mira con buenos ojos el matrimonio de ambos.
Mientras en Turquía Ayten huye de la policía, por su rebeldía de izquierda (un tema que el cine alemán hace rato viene tocando, como si la nostalgia de la RDA pide valores perdidos) al llegar a Bremen, sin nada y con hambre se va a la universidad, mientras duerme en la clase del profesor Nejat, ese día conoce a Lotte (Patricia Ziolkowska) ambas amigas comienzan a vivir juntas en la casa de la madre de la niña alemana, mientras sigue su búsqueda zapatería por zapatería sin saber que su madre ha sido asesinada por un anciano llamado Alí, con el que ella se había ido a vivir... la ilusión y la búsqueda hace que Lotte y Ayten comiencen a enamorarse, lo que a Susanne (Hanna Schygulla) una madre bastante conservadora se le vurlvauna bofetada esta mala amistad con la joven turca.
Nejat deja todo en la universidad sus clases, su padre asesino y decide partir a Estambul a buscar a Ayten para pagar sus estudios universitarios, ¿cómo buscar en la claridad la ternura de la mirada de una hija que no sabe que su madre ha muerto?, ¿cómo buscar en el rumor del mar las pisadas que dejó una mujer de la que no se saben ni sus sueños?, ¿cómo buscar entre la tierra y el sol el espacio en que el abrazo perdido
Dale tu mano al indio
La imagen se me repite, es el mismo desierto de Monument Valley de Utah. El de Sergio Leone, el de Easy Rider... pero ahora se abre una puerta y una silueta en el arrebol a lo lejos llega el tío Ethan (John Wayne) con la dura mirada que el pasado le ha dejado. Es que las historias personales son fuertes y no se pueden pedir cambios cuando los ojos han visto fuego y el color negro abraza .
Los asesinos indígenas han diezmado a la familia Edward secuestrando a la sobrina Debbir, la más pequeña, así comienza la búsqueda y la venganza, ellos son los "searchers" que preparan el plomo para la venganza contra Scar (Henry Brandon), pero la amargura de los años hace envejecer a Ethan y crecer en el cautiverio a Debbie (Natalie Wood)... y como sabemos crecer y envejecer son dos cosas muy distintas, algunos las confunden, la primera es aprender a vivir y la segunda empezar a morir... el odio racista de Ethan no lo vuelve más bueno... va circulando por las venas, y secandose como los suelos que galopa como un centauro, el amor ya parece una costra y la venganza un deseo para llevar a la tumba. El polvo queda en la boca mientras se siente como la vida se va como la arena en la mano, se ha dejado de vivir por ver morir, sin comprender que las cosas siguen.
Mientras las noticias y los diarios (porque ahora son antónimos) siguen hablando del conflicto mapuche como una organización de terroristas, mientras la policía asesina por la espalda y golpean con las botas los rostros originarios, queda más que la indignación, queda la desolación de que no hay deseos de comprender, que es lo que le enseñaremos a nuestras descendencias, que les robamos sus tierras, que los engañamos con las ventas, que los encarcelamos y les disparamos por la espalda, les diremos que fue nuestro odio el que vagó por los bosques como los centauros... mientras los ríos del sur de Chile, como esos desiertos estadounidenses del siglo XIX se nutriran de sangre incomprendida.
Una amiga ahora se encuentra en su doctorado viviendo en un convento en una ciudad histórica de Francia... en una de sus cartas me cuenta que vio Bajo la Arena de Ozón. La playa de Bajo la arena, espera el fantasma de un ser que no vuelve... no vuelve para nosotros, pero lo real es lo que cada uno construye en la mente. Pese a la incomprensión del resto, las verdades son construcciones parciales que moldeamos con todas las mentiras que ocultamos.
Pero en Hierro 3, vuelve a ser la mirada, la que habla, el amor por las cosas y la sencillez dentro de un mundo desconcertado y desconfiado.... mientras Tae-suk(Hyun-kyoon Lee), un vagabundo moderno, o mejor dicho un homeless que va por las calles, sin que el resto lo vea, como todos esos hombres indigentes que conviven en forma invisible en nuestras ciudades, buscando señales de vida en cada puerta, simplemente dejando un cartel en las puertas... para luego en la noche ver que casas lo han retirado, y en las que no... las ocupa temporalmente, duerme en sus camas, come sus comidas y a modo de gratitud arregla aparatos en mal estado, así se ha llevado por días y días viviendo como un fantasma el silencio de hogares ausentes.
Hasta que se encuentra con una gran casa donde en el patio hay unos palos de golf y una malla, en ella se dedica a perfeccionar sus golpes, el piensa en todo momento que se encuentra en soledad, pero a la sombra con los ojos morados por el maltrato se escondía Sun-hwa (Seung-yeon Lee) una hermosa modelo olvidada gracias a la violencia intrafamiliar que no distingue condiciones sociales ni profesiones. Así ella se escapa y lo acompaña en su extraña vida, el silencio es el vínculo que los nutre, cada mirada se convierte en un gesto de amor. Estar juntos en silencio es una estado del amor superior, cuando las palabras están de más y lo que importa simplemente es respirar, como esos esquemas de educación física en que debías saltar, como una coreografía en que lo que importa es llevar un ritmo. Así el amar se convierte en un absoluto más poderoso que el mismo cotidiano, más que los "te quiero" silenciosos es percibir la respiración ajena, es sentir esa brisa que sale del interior como un susurro de vida. Cuando se percibe la presencia en la ausencia, cuando los océanos no importan, no importan ni las horas, ni las noches... solo importa la presencia del presente, del vivir y de soñar.
Me dio asco ver la propaganda de un colegio Alicante de La Florida en que sale un niño con un casco y la frase... Cuando grande quiero ser... me imagino a esos padres que creen que por meterlos en un colegio sus hijos están asegurados con un roce mejor y prácticamente sacándolos con un estetoscopio o casco de ingenieros... y peor que eso... creyendo que eso es importante.
Una de las ecuaciones inconclusas por los matemáticos es resuelta por uno de los alumnos más brillantes de la Academia Rushmore, su nombre es Max Fischer (Jason Schwartzman) hasta que en un momento... despierta de ese sueño... En realidad Max Fischer es otro màs de esos miles de casos de personas que valen más por lo que dicen que son que por lo que realmente hacen. Son esos seres que saben que la imagen ayuda más a conseguir las cosas que los hechos... he conocido profesores, urbanistas, abogados y candidatos presidenciales que son capaces de contarnos una historia de si mismos como la de Rushmore. Porque el hijo de doctores que Max siempre cuenta en realidad es un hijo de un peluquero que ha logrado una beca para que su hijo estudie en la academia... pero la socialité de Max puede más, y se ha convertido en uno de los creadores de los diversos grupos de actividades extraprogramáticas de la academia, desde el aeromodelismo hasta las obras de teatro escritas... o reescritas por él mismo.
Pero al contrario del pobre venido a rico, Herman Blume (Bill Murray) es un magnate industrial que parece tenerlo todo... dos hijos y un imperio... que con la mirada depresiva de siempre, no posee todo el entusiasmo que quisiera... en un evento conoce a Max y descubre en él todo lo que su par de hijos no tiene, extrañamente surge una amistad entre el adulto-niño y el niño-adulto, que puede generar importantes logros para la escuela y la superaciòn de ambos.
Estar enamorado de alguien que no es correspondido, ha sido casi una constante en mis años, debe ser por eso que Max me representó, sobre todo en esos días de colegio en que entre curas, profesoras feas y compañeros no había mucha belleza. Rushmore es un universo limitado en el que el amor, las "traiciones", la inmadurez y la acumulución de ilusiones hace vivir y crear amistades que sobrepasan lo común. Como si fueran elementos de una extraña película... las cosas que se muestran llenas de los colores de Wes Anderson siempre contienen grandes cuotas de realidad, familia y lo más importante, honestidad.
Maldito latino, maldito mexicano
Por eso aplaudí esos días rebeldes de París del 2005 y de Los Angeles en 1992... pero mejor que eso admiré el día que los residentes de habla hispana de Los Angeles comenzarona trabajar en una granja de subsitencia a pasos del centro de la ciudad... convirtiéndo un sitio eriazo en un vergel para la ciudad.
Hasta que un día del 2004, llega la orden de desalojo del huerto porque será usado por su antiguo dueño Ralph Horowitz como bodega, en realidad la medida claramente no es por el hecho de que sea bodega... es porque ellos son latinos, porque no se ve bien que esa gente de color distinto tenga sus mazorcas y plantas en ese lugar tan central. Es porque ya han invadido tanto que un jardín es promover un modo de vida distinto al común. ¿Qué queda hacer? lo único que le queda a las minorías es agruparse para convertir la voz en grito y las manos en puños. Así comenzó una batalla legal para evitar el desalojo. Primero con los concejales y así aparecen las voces de los representantes de las comunidades Afroamericanas, como Jean Perry y Juanita Tate en "apoyo"... pero luego surgen otros intereses.
La lucha por las catorce acres de las calles cuarenta y uno con Alameda son un ejemplo de como la sociedad civil y los privados pueden destruir los sueños. Así somos los malditos sudacas que ensuciamos barrios, que creamos ghettos en Europa y Estados Unidos, esos malditos ladrones internacionales, esos traficantes de droga, esos flojos que no han podido tener lo que las naciones desarrolladas tienen porque "no trabajan"... esos somos... y ni con juegos olímpicos, ni mundiales de fútbol podremos sacar del estigma.