Hay veces en que la palabra patria, es aborrecible… en nombre de ella alguna vez la Alemania Nazi cometió sus atrocidades, por Chile un treinta de septiembre de 1989 una arquero se hizo un corte en la cara para engañar al mundo. Por la patria se ha torturado y miles de veces se ha asesinado.
Discusiones de qué es la patria, he tenido muchas... al final en mi caso, es una palabra normal... ¿importante?... sí... pero no sagrada. La patria es algo que no ha sido completamente definido, es más que el territorio, es más que las personas, más que la cultura y más que el ejército. No creo que nadie defiende más a la patria que otros... siento que todos hacen patria... Pinochet murió orgulloso de haber hecho lo que creyó bueno por la patria, Osvaldo Romo torturó por la patria. Así que siendo franco le temo al significado de la palabra patria. Poco le gustó a Francia que Stanley Kubrick hiciese otra historia polémica; esta vez en la Guerra de trincheras en la primera Guerra Mundial... cuando Europa vivía una de sus épocas de más egocentrismo (no es que ahora no lo tenga... pero en esa época costó millones de vidas). Las Guerras son los peores momentos para la racionalidad, son capaces de justificar que un pueblo extermine a otro o que un avión B-29 abrá una escotilla con una bomba y mate a noventa mil personas en un segundo. La guerra de trincheras fue el momento en que los egos se equilibraron. Los surcos paralelos se extendieron... hasta que todo se estancó. En medio de este letargo el alto mando francés decide en una acción de patriotismo atacar para conquistar un cerro, completamente ocupado por el frente alemán. Se supone que la valentía es uno de los requisitos para ser soldados, al parecer este es un valor que es inversamente proporcional al grado que estos tienen. Es fácil para los generales planificar la guerra desde sus escritorios, con los mapas y maquetas decidirr que se va a hacer... muy distinto es estar en combate... esa no es novedad. Pero eso de los altos mandos no sólo corre para las fuerzas armadas, todos sabemos que mientras más sacrificio menos se paga a quienes lo hacen. Lo vemos en los que diseñan los grandes proyectos políticos, muchas veces son personas que jamás han trabajado fuera de la burbuja teórica. En el caso de la educación muchos de los que diseñan las políticas, jamás han hecho clases en una escuela (¡y dan cátedras en universidades!)... Que fácil es tener la calculadora y enumerar muertos, otra cosas es verlos morir. Por supuesto, que la ofensiva francesa fracasa, pero el general tras esta ofensa a la patria, decide que se ejecuten al menos tres hombres de su propio ejército, a modo de ejemplo para el resto de las tropas, desde ese momento viene un juicio a lo que es realmente la guerra, mientras los altos mandos bailaban en fiestas, los soldados entre el barro y la sangre, defendían la historia. La película de Kubrick, por supuesto fue censurada en el país de la "libertad, igualdad y fraternidad", no era pertinente mostrar la difamación del país... (como luego volvería a pasar con La Batalla de Argel). Era intolerable ver como se ofendía a la patria libremente. Senderos de Gloria es una de las tantas historias de la estupidez humana, en que la muerte es algo tan despreciable como vivir, en que el capricho puede más que la razón, en que ser valiente es sinónimo de ser idiota, en que amar a la patria es la maldita razón para destruir los sueños.
Estamos llenos de decisiones todo el día, a cada rato en cada segundo desde lo que queremos pensar en adelante… siempre recuerdo esa imagen entre el reflejo de los lentes polarizados de Morpheus mostrando la pastilla roja y la azul… había que elegir entre una destino u otro sólo por tomar cualquiera de esas càpsulas…
Al final uno tiene que estar tomando pastillas del destino por cada cosa que hace… sólo el olfato es el que nos guía por las decisiones… la gran ventaja para algunos es que disponen de una serie oportunidades para tomar sus decisiones y otros el destino es algo que empuja por una trinchera en la que asomar la cabeza es un peligro. Caluga o menta es la película que abre el ciclo del maldito cine marginal… ese cine que muchos latinoamericanos detestan… como vamos a hacer que vengan turistas a nuestros países si estamos mostrando la violencia, la droga y la muerte de nuestros pobres. Creo que la mejor frase que refleja el cine chileno marginal la dijo mi mamá en un lenguaje poco coloquial “A mi me cargan las películas chilenas porque los huevones echan puras chuchadas”. La sensación de ese cine es como vivir frente a un espejo y no saberlo hasta tocarlo y verse a uno mismo (como diría Silvio Rodríguez) Para uno que vive en el sur de la ciudad, sabe que la gran parte de Santiago no es tan bella como las postales. La pobreza y la marginalidad es algo que realmente nos avergüenza y lo escondemos como cuando se deja la basura bajo la alfombra. Hay reacciones tan patéticas como en la comuna de Lo Barnechea que se colocó un muro que separa a los pobres de los que tienen mejor situación. Así pasa con nuestro cine… La delincuencia es algo lejano… del otro lado del muro, en algún momento este tema casi decide una elección presidencial… pero el Niki no tenía más opciones que caluga o menta… en un país que no ofrecía más esperanza que la de esperar la muerte sentado en un neumático. ¿Qué más se puede soñar cuando la vida no da nada?, ese es el país que no queremos pero que exista. Parece ser que esperanza es un sinónimo de juventud, yo estoy lleno de sueños y los que me rodean... pero en que momento los marginados dejaron de ser niños y se convirtieron en seres sin sueños, con la cara llena del sudor , cuando se convierten en ciudadanos despreciados, segregados y estigmatizados ¿será cuando nacen? Pero lo marginal es nuestro problema... es lo que creamos y crean los que estigmatizan, los que rechazan. Caluga o Menta tiene esa sensación de rascarnos el lomo con la escopeta, esas espinas en la conciencia. Después nos horrorizamos con la violencia de las poblaciones marginales. El mega gana puntos de rating mostrando las pandillas, los académicos viajan por el mundo y se ganan proyectos de investigación hablando de los marginados. Mientras los jovenes siguen ahí sentados entre los escombros de los sueños, entre el las mínimas instancias de lucidez y las alucinaciones constantes de la pasta base y el neoprén, vivir se parece a un castigo. Que hacemos con Caluga o menta... la seguimos escondiendo... como si fuese o una película... ¿o abrimos los ojos para buscarla en nuestras ciudades? Acordémonos de los locos antes de que se vuelvan más locos.
De que el continente americano es rico, creo que no hay discusión. Muchos países han tenido su minuto de fama en que sus recursos naturales enriquecieron las arcas, lo supo Potosí con sus minas de plata, Argentina con sus cueros, Chile con el salitre y así se puede seguir mencionando a cada país. Pero uno de los mundos más sorprendentes que se crearon fue el de las ciudades de la Amazonía sobre todo Manaos, Belém do Pará e Iquitos. Las ciudades del caucho… las lagrimas milagrosas de lo árboles que enriquecieron a Brasil y a los países amazónicos, transformó a ese hermético mundo de los grandes árboles, de los ríos gigantes, de los animales salvajes y de los aborígenes desconocidos en la oportunidad. Parece extraño que por Goodyear y su trabajo en Vulcanización del caucho,el lugar más agreste del planeta a principios del siglo XX, comenzará a vivir el Ciclo da borracha, más conocida como la fiebre del caucho.
Werner Herzog comienza su historia desde el mítico día en que Enrico Caruso cantó en el teatro de Manaos... parecen dos mundos distintos el que el celebre tenor cruzara el Amazonas para sellar la prosperidad de una época que ahora parece cercana al Macondo de García Marquez.
Ese momento histórico es el motivo de Fitzcarraldo… ese personaje que había emigrado hasta Perú, motivado por su tenacidad de hacer algo grande para Iquitos. Sus sueños eran simples, sólo quería transportar la grandeza de Manaos a la Amazonía peruana. Ver a Klaus Kinski en los ríos de Sudamérica se me ha hecho una imagen habitual, desde Aguirre a Fitzcarraldo... la fuerza en la mirada, y porque no decirlo, su propia locura convierten a este actor alemán en la propia película. Los que se obstinan en hacer sus sueños realidad son sonámbulos, son peligrosos y no se les puede despertar. La locura de Fitzcarraldo parece cuerda cuando comienza a subir río arriba en una selva habitada por los jíbaros. La opera es el sonido que lo transporta contra la corriente... hacia la incomprensión de la tripulación. Pero en esta historia hay un punto de inflexión que transforma la película Fitzcarraldo de película interesante a algo que está por sobre todas las dimensiones del cine. Cometeré el pecado de contarles que cuando ha pasado gran parte de la historia... y con ayuda de los aborígenes, la tenacidad de Fitzcarraldo desea transportar el barco por sobre una montaña a pulso. Ese es Werner Herzog, tan obstinado como Fitzcarraldo que transforma el paisaje para lograr la hazaña... el corazón se hincha al ver semejante acción, de ver como el esfuerzo conjunto pese a lo agreste de la selva... un barco se avanza por la montaña en busca del río paralelo, sin efectos especiales, sin maquetas, sin efectos de computador... sólo el temple de un director y un actor con caracteres completamente opuestos... y en constante disputa.
¿Qué hubiese sido de esta historia sin el odio mutuo entre Herzog y Kinski?. Parece que así como necesitamos del amor, el odio también es un sentimiento noble. No solo por lo que el bolero canta, si no porque el odiar tiene pizcas de dolor, gotas de amor y deseos de muerte. Los egos mutuos no cabían dentro del Amazonas... y como ya es casi un clásico las peleas entre actor y director eran insostenibles (aunque cuentan que también fue un truco publicitario).
Los sueños de gloria de Fitzcarraldo se fueron disolviendo a medida que el caucho comenzó a obtenerse desde otros lugares como el sudeste asiático y nuevas ciudades empezaron a decaer, el caucho perdió exclusividad y como el hilo se corta por lo más fino, los seringueiros, que habían emigrado principalmente del nordeste de Brasil, se llevaban la parte más dura en un régimen de semiesclavitud, las ciudades se han llenado de los fantasmas de los días de gloria del caucho. De la historia del barco Fitzcarraldo que navegó por la montaña, de la voz de Caruso en medio de la selva, de Goodyeaer y las empresas. Los árboles parecen cubrir el pasado, ya no quedan huellas de esos sueños, aunque el caucho continúa explotándose en Manaos e Iquitos, aunque el petróleo es uno de los elementos más importantes de los ríos. Herzog nos regaló la historia de Fitzcarraldo y con ella removió las hojas como si tuviese una hoz, para recuperar ese pasado glorioso en que los arboles lloraron otra de las tantas riquezas de la selva.
El viernes en una reunión, uno de los expositores comenzó su presentación con un correo que le envió un profesor británico en agradecimiento por su hospitalidad en Chile. El expositor contaba que en su estadía el fue a laviña Santa Helena, a degustar unos vinos en la misma casa de la viña… el inglés quedó fascinado con la experiencia y se le ocurrió repetirla en otra viña… en este caso fue en la Viña Concha y Toro… su decepción fue total… y ese es el motivo del mail… la desilusión en la Viña Concha y Toro “… ahí era todo frío, un ambiente completamente artificial, todo parecía sofisticado… un ambiente MBA”… el expositor comenzó de esta forma a criticar uno de los males de Chile… “el del ambiente MBA”.
La pérdida de la identidad, en pos de un modernismo traicionero es algo que se viene gestando en Chile desde hace unos cuantos gobiernos concertacionistas. En que las supercarreteras de primer mundo son impresionantes, pero con señaléticas y salidas de tercer mundo que te vuelven de un momento de Suiza a Afganistán. Para que hablar de esos nuevos y modernisímos buses orugas que se mueven por calles completamente destruidas por la falta de pre-visión de los tecnócratas y los políticos. Completamente distinto es el mundo que se muestra en Powaqqatsi, la segunda película de la trilogía Qatsi de Geofrey Reggio. Ahora el actor principal es el ser humano. Desde todos sus ámbitos partiendo de su condición de parte de una masa bruta que puede transformar lugares, pasando por el creador, el creyente, el espectador, el que celebra, el que siembra. El ser humano como especie única e irrepetible, entre diversos lugares del mundo las coloridas imágenes, no presentan otro efecto más que la maravilla de ver, de impresionar sin mayor efecto que la verdad y la música impresionante por la simpleza y minuciosidad de Philip Glass hacen de cada fotograma una experiencia diferente. A estas alturas las bandas sonoras de Philip Glass son tan impulsoras para ver otra película como cualquier director (alguna vez lo dije que aluciné con Las Horas, El ilusionista y Mishima gracias a Glass). Nuestro ambiente MBA, lleno de pantalones Dockers y camisas Polo, es tan falso como las parcelas de agrado de la periferia... es triste una felicidad de pasta de diente, es una imagen de propaganda inmobiliaria que autoengaña (si es que existe el autoengaño). En Powaqqatsi se observan esos "pobres" campesinos del mundo que viven las duras condiciones de la lluvia, las férreas normas religiosas, las rutinas... pero que extraño es ver que su vida es la misma, sin mayores complicaciones. Ese es el "pintoresco" tercer mundo...La acumulación de imágenes de Powaqqatsi, más que parecerse a una revista National Geographic en movimiento, es como tomar asistencia, para decir presente... el resto del mundo existe y también pasan cosas... con el sólo hecho de ver pensaba que entenderíamos la que hay otro modos de vivir tan importantes como los que copiamos. Pero buscando referencias para esta entrada me encontré con sorpresas que confirman que no todos vemos lo mismo...dentro de una reflexión que hace una página... que por otro lado cuenta casi toda la película... al final se manda una frase de antología."¿lograrán las sociedades tradicionales avanzar hacia la modernidad? ¿O la negarán por entero y nos arrastrarán a nosotros con ellos en su involución?" o al final coloca ¿Vencerá el mundo moderno, pero al precio de que las sociedades tradicionales pierdan su alma? ¿Vencerán éstas por el contrario y toda la ciencia y toda la tecnología serán arrojada al basurero? Patético leer comentarios así de un señor, en una revista de cine como Tren de sombras.Las sociedades tradicionales no involucionan al mundo... el mundo involuciona cuando sociedades que se creen modernas destruyen, usurpan y menosprecian a otras culturas... en segundo lugar, nadie está combatiendo para que hubiesen vencedores, así que no se preocupe por su mundo lleno de ciencia y tecnología, al tercer mundo no le interesa vencerlos... tiene problemas más urgentes por los que luchar... Powaqqatsi viene de la lengua Hopi y significa entidad o forma de vida que consume la fuerza vital de otros seres para reforzar la propia.América Latina como otros países del que usted llama tercer mundo se les estuvo consumiendo la fuerza vital para reforzar el desarrollo de Europa. Ahí fueron las sociedades tradicionales las que hicieron evolucionar al resto del mundo. No nos olvidemos.
La verdad es algo que siempre he respetado, a veces por decir lo que pienso… sin pensar lo que digo (Como canta Sabina)… he sentido incomprensión, entonces mi fidelidad con lo que soy y lo que quiero, no es la misma que se desea. En esos momentos pareciera que la mentira también tiene algo de fidelidad. ¿Dónde está el límite de la fidelidad para no ser infiel? Es una pregunta que siempre me hago, nuestros pensamientos son infieles, nuestros sueños tienen infidelidad, nuestro cuerpo también. Al final el camino parece una batalla entre lo que deseamos y lo que tememos. ¿Cuándo establecimos que el amor es hermano de la fidelidad? ¿y cuándo el amor se transformó en compañero del deseo?, creo que cada sentimiento es independiente, corre por su propio carril y habita en nosotros indistintamente, cada sensación actúa en el momento en que el libreto de nuestras vidas lo exige. A veces en plena representación les toca traicionarse, otras veces el amor y la pasión se besan y en el ardor ambos se funden en el sexo. Un día en Nueva York hubo tanto viento, que era casi imposible sostenerse en pie, fue tanta la fuerza de este fenómeno que los taxis no querían tomar pasajeros, ese día la señora Connie Summer es ayudada por un joven francés llamado Paul. El viento que movía las cosas se transformó en una caricia que paulatinamente empujó al deseo. Primero a esas ganas extrañas que sentimos cuando llamamos por teléfono a quienes amamos, en que nuestro corazón y nuestro oído desean inconteniblemente recibir por el auricular esa voz susurrante, como si fuese un beso, ese impulso tan simple ya es un acto infiel. Después de eso es la dispersión de los sentimientos... ahí pasión, razón, amor y culpa pelean tratando de conquistar a la fidelidad El miedo a veces inhibe, pero a la vez erotiza la pasión, y las necesidades de odiar transportan al deseo por un ardiente barranco sin detención. La infidelidad es un juego de tres, todos son víctimas y victimarios. Es un elemento del libre mercado, Porque creemos que es parte de la propiedad privada, y desde el momento en que creemos que poseemos la vida de otro… ya estamos equivocados, hay que entender que ni siquiera la vida de nuestros hijos nos pertenece. Hay una dosis de egoísmo, de orgullo y de falsa seguridad que nos traiciona y atormenta más cuando nos han sido infiel. Pero peor es hacer vista gorda y vivir sabiendo una infidelidad, como si las cosas siguen igual, no hay excusas validas… ni los hijos, ni la casa, ni la plata de mi pareja, ni el que dirán. La dignidad es el combustible de nuestros sentimientos y cuando un amor encierra perdones, los años de frustración y desconfianza se van acumulando la tristeza. Edward Summer, al percibir incoherencias en las verdades, parece no comprender la situación. Todo se convierte en secretos de perdón, secretos de orgullo y de traición… pero más que engaño a otros, es a la propia conciencia… acá la historia cumple con los cánones morales de Hollywood… Pero creo que sin duda es más infiel la persona que vive con quien no ama. La persona que convive con el que dejó de amar, porque la infidelidad parte desde los sentimientos propios. ¿Qué importa ser infiel a esposas, amantes, pololas o novias… cuando realmente no amamos?. Lo importante es no mentir, y dejar la cobardía, creyendo que la verdad daña… todos tenemos la posibilidad de vivir otras vidas en ese espacio que tenemos entre nuestro nacimiento y la muerte… vistámonos de amor verdadero y que las bocas conviertan las palabras en sonidos de fidelidad, para que seamos personas con dignidad.
En Chile los años sesenta terminaron en 1973, la generación de la paz y el amor fue destruida a culatazos por la represión. En ese momento se despertó a la realidad el pelo se cortó con corvos, las canciones se convirtieron en himnos de guerra y las noches se volvieron silencio. Los años sesenta habían sido una explosión de libertad y amor, que estaban logrando convertir pasar a una generación de testigo a protagonista. ¿Qué increíble que todo eso fue una amenaza para lo establecido?. Hablar de la paz era violento; estar contra la guerra de Vietnam era ser antipatriota; y luchar contra el racismo o la desigualdad era subversivo, ¿en que momento tuvimos tanta claridad?, en medio del ácido lisérgico… los colores y texturas parece que hicieron que la fantástica realidad se podría materializar.
Michelangelo Antonioni también fue testigo de los sesenta y los documentó en una simple película “burguesa” rodada como testimonio de la contracultura estadounidense, Zabriskie Point una película que a lo mejor no se cataloga como una de las más importantes del director italiano. Es inolvidable para los que gustamos de Pink Floyd encontrarnos con esa banda sonora con tanta atmósfera sicodélica… desde ese trampolín muchos llegamos a la geomorfología del valle de la muerte…y las sensuales y sexuales escenas en Zabriskie Point.
Por supuesto la historia de Antonioni no tuvo la aceptación de su presente… tal vez la idea de una revolución con “hijitos de papá” es extraña… como lo es robarse un avión… pero a veces los contextos van más allá de las imágenes… por lo mismo es Zabriskie Point, porque hay un horizonte que mira más allá… es más fuerte que los discursos juveniles de los estudiantes… es la rabia que se contiene… que se cultiva desde la represión policial y vuela por los aires al sonido de “Careful with axe, Eugene”.
Antonioni hoy también vuela por los aires, su visión testigo de los tiempos, se queda como patrimonio de un cine controversial, no siempre exitoso, pero un cine libre, a veces concienzudo pero que al final regala otra forma de soñar. Las ilusiones de los sesenta cada vez se llenan del polvo del olvido… pero cuando los arqueólogos del futuro descubran que hubo una época en que los hombre quisieron vivir con justicia y con sueños de libertad, Zabriskie Point será la nueva piedra de Rosetta.
La mirada de mis diez años era muy distinta a la de hoy, en esa época (1987) yo era feliz porque había estado Juan Pablo II en Chile, era feliz porque nos juntábamos con toda la familia de mi padre, abuelos, primos, tíos, tíos abuelos hasta mi bisabuelas. Celebrábamos cualquier cosa… tiempo después entendí que celebraban la alegría de estar unidos, de tener aún viva con más de noventa años a mi bisabuela Ester. Yo disfrutaba de jugar, de correr con mis primos.
Todo cambió el día en que el cuerpo de mi anciana bisabuela nos dejó, ahí comenzó la despedida definitiva, mi familia gigante empezó a desaparecer, esos primos nunca más los vi, de esos tíos supe cada vez que morían y de a poco nos fuimos quedando más solos. La familia parece sufrir esos ciclos de expansión y compresión.
En la familia Ekdahl a principios del sigo XX, la vida está en el teatro. Son compañía y familia al mismo momento, en un ambiente cargado de felicidad, celebración, un poco de lujuria y alegría de estar unidos. Alexander es un niño solitario en una casa llena de gente, lo más cercano a un amigo es un oso destartalado sin oreja y desteñido por el tiempo; Fanny es una niña pequeña que observa y graba lo que sus ojos ven. Son hermanos y como tales se encuentran por el mismo camino que la familia ha ido amoldando.
El color de la navidad resalta por todo el hogar y celebrar en el teatro es la tradición, al parecer la obra es la misma de siempre… pero pronto el destino dice otra cosa. Unos gritos desgarradores; y entre el sueño y la lucidez Fanny y Alexander descubren entre una puerta semiabierta que su padre ha muerto.
¿Hay alguien que nos quiera tanto?; mi tía Maríanella mientras moría de un derrame cerebral, lo único que decía con las últimas gotas de lucidez era que cuidaran a la “Pepa” mi prima, no le importaba nada más… es más no le hubiese importado morir, si no hubiese sido porque mi prima tenía ocho años. Ella partió y la vida de mi prima comenzó a tomar un frágil bote en medio de una tormenta.
Para Fanny y Alexander, los colores de la gran casa Ekdahl, se destiñeron cuando su madre decide casarse con el obispo luterano. No quedó más refugio que abrazar a los fantasmas, callar y entre los silenciosos gritos pedir auxilio. Fanny miraba el odio, lo guardaba, como el odio que crece en cada niño que ve como el padre golpea a su madre, como ve al padre que le pega a sus hijos, como el padrastro que maltrata sicológicamente. La mirada de odio de un niño es la peor condena para el adulto.
Los fantasmas aparecen para acompañar, acá como en nuestras vidas la realidad y la mentira son tan palpables que se desvanecen entre si, ambas juegan con el curso de las decisiones y nos hacen seguir sin perder las esperanzas. La silenciosa mirada de Alexander poco a poco se va llenando de rencor y en cada segundo, el ansia de la liberación va persistiendo en sus pensamientos.
Ingmar Bergman parece ser un testigo de los días… parece tan alejada la época de sus películas de la década de los cuarenta con Sarabanda del 2003, en cada imagen tranquila, reflexiva, radical, soñadora, simbólica y familiar que nos fue entregando durante sesenta años, enseñó desde ese idioma extraño la importancia de saber vivir, de vivir la muerte, de matar el odio, de odiar el miedo y temer el olvido. Ahora que Bergman descansa, nos sentiremos como Fanny y Alexander, esperando la libertad y abrazando todos los fantasmas que nos deja en cada una de las historias que nos entregó en su siglo de creación.