El prejuicio es una de las cosas que nos ha hecho perder màs tiempo en la vida... han sido tantas las cosas que hemos dejado de hacer por el que dirán que la vida se nos ha hecho màs corta de tanto esperar esos momentos felices. El tiempo que tenemos para hacer las cosas es mucho menor del que creemos, se ve tan lejano ser adulto y de un momento a otro ya los somos, sin darnos cuenta hemos ido creando una historia llena de cosas que pudiesen haber sido de otro modo. Por eso no critico a los que por amor hacen cosas distintas, son ellos los que han vencido todo lo que hemos destruido con nuestra construcción. Rainer Werner Fassbinder se tomo un tiempo de dos semanas para rodar las escenas de una simple película cotidiana entre Martha y Effi Briest.. sin darse cuenta en esos momentos que El miedo devora las almas sería una de sus historias inmortales. Es que Alemania estaba herida después de la Segunda Guerra Mundial, llena de ruinas y con una población casi en el exterminio en los campos de batalla... necesitaba una reconstrucción, para ello la primera solución fueron los Gastarbeiter, o trabajadores invitados desde diversas partes de Europa comenzaron a llegar a Alemania, así la mano de obra comenzó a circular por la Alemania Federal, hasta la llegada de los turcos y marroquíes. Entre ellos llegó El Hedi Bem Salem M'Barek Mohammed Mustaffa (El Hedi Bem Salem) de Marruecos, un país de lengua dificil que llevaba aún una tristeza de días oscuros... sólo queda un bar en el que la música y el idioma se parecen al otro lado del Mediterraneo, un alivio para los oidos y el alma. En un día de lluvia llegó una señora alemana mayor al bar, era extraño que un nativo llegue a un lugar de inmigrantes. Emmi (Brigitte Mira) es una viuda de sesenta años, se había casado con un polaco en plena era nazi, por lo que sabía de discriminaciones... acá al sonar una canción comienza a bailar con El Hedi... al que ella llamará Alí, total a todos los musulmante les llama Alí como dice él. El la acompaña a su casa al otro lado de Berlín y ella lo invita a tomar un café.
Son dos personas solas por la vida y las circunstancias, dos personas que parece que el silencio los acompaña en lo cotidiano y a los que el pasado y la lejanía se convierten en sus buenas visiones. ¿porque no amar de nuevo? ¿ se puede?, o la felicidad se lleva sólo en algunas partes de la vida y del planeta. Al menos ambos no lo ven así... y con ello se deciden a casarse. Parece un chiste para algunos, para otros la indecencia más grande que una abuela alemana se case con un joven arabe. Con ello aparece el desprecio de los vecinos, los hijos, las compañeras de trabajo y una sociedad que aún no comprende un amor que podría ser verdadero... y aunque no lo fuera... la necesidad de vencer la soledad... ... y yo creo que la mejor forma de vencer el sentirse solo, es con el amor verdadero. Fassbinder se encontró con una Alemania federal que vivía días nuevos, los supo retratar de la manera más sencilla y demoledora que pudo, como ya se ha convertido en una característica de dicha nación la simpleza y la efectividad hasta para contar una bella historia de amor.
Hoy veía en televisión a la señora Ana González una anciana que con su ánimo y energía llevaba el pulso de una familia, hijos, nietos que se encuentran esparcidos entre Cuba, Suecia y Argentina... con una fortaleza impresionante como para soportar la memoria de un día veintinueve de abril de 1976, en que su sobrino de dos años y medio llegó sólo a la casa llorando... horas antes el niño se encontraba con su mamá Nalvie que tenía tres meses de embarazo, su papá Luis Emilio y su tío Manuel... en la esquina de las calles Sebastopol con Santa Rosa al sur de Santiago fueron detenidos por agentes de la policía secreta... que dejaron al niño de dos años y medio abandonado mirando como su familia era arrancada al olvido... Al otro el padre de los jóvenes detenidos parte a realizar averiguaciones de su paradero y nunca más regresa... para la señora Ana González esos días de abril significaron el comienzo de su búsqueda por la verdad... esas cosas parecen olvidarse... alguna pregonan que no hay que escarbar en el pasado y mirar al futuro... porque no les conviene que se descubra su prontuario... a esos hay que resfregarles una y otra vez de que los desaparecidos existen, que las heridas aún no se sanan y que los odios nos pueden llevar a situaciones bizarras que tiñeron a América de muerte y miedo.
Mucha culpa de ello tuvo el modelo de aprendizaje que solapadamente trajo la "Alianza para el progreso" de Kennedy hacia América, cuando Cuba era la amenaza los militares de Américaya se capacitaban en la Escuela de las Américas... donde aprendieron las lecciones que construyeron el horroroso futuro de la tortura y la muerte por parte del Estado. Lo que lloramos y sufrimos ahora parece ser lejano, aunque en Honduras los poderes fácticos no han soltado el poder que no les pertenece... mientras el resto del mundo parece mirar impotente como un grupillo de poderosos recibe con guante ajeno un poder que no han ganado con las urnas.
Los días de 1972 en pleno gobierno de Salvador Allende en Chile en las calles de Chile se veían a los militares y a unos tipos de una policía secreta tomar detenidos a diversas personas, hasta que una voz con un megáfono gritaba corten, todo el montaje era de Costa Gavras para simular las tristes calles de Montevideo que en esos días vivían momentos convulsionados con el gobierno de Jorge Pacheco , es extraño filmar el presente de una ciudad en otra, por lo que Santiago, Valparaíso y Viña del Mar se vistieronde Montevideo para contar un episodio que dejó a América desvelada por una semana cuando gracias a un secuestro quedaba clara la solapada intervención que la política estadounidense de los años sesenta y setenta causaba estragos en nuestro continente.
Dan Mitrione un agente del FBI de Estados Unidos se encontraba en Uruguay como asesor de seguridad de su país en América Latina, un día de Julio fue secuestrado por los Tupamaros el movimiento revolucionario uruguayo para llevarlo a la carcel del pueblo. Este hecho es el que Costa Gavras relata en "Estat de Siege" en un lugar que parece ser Montevideo, cuando se secuestra al asesor de Seguridad Philip Michael Santore (Yves Montand) una especie de Mitrione ficticio... en medio del operativo es secuestrado junto con un diplomático brasileño y llevado vendado a un lugar desconocido que los guerrilleros llaman la cárcel del pueblo.
El secuestro en si era algo que ponían en duda la frágil democracia que vivía Uruguay... pero la pergunta comenzó rápido a salir en la opinión... ¿quién es ese Santori? ¿qué tan importante era como para que los Tupamaros lo dejaran cautivo?... en medio de interrogatorios... se va aclarando la situación de este señor que trabajaba en un organismo de desarrollo para las américas... pero de que desarrollo estamos hablando... Philip era un profesor de torturas y otras linduras que recorría países en que esos métodos de consulta se aplican las dictaduras... cada interrogatorio va mostrando las consecuencias que cada secuestro y tortura han heco en América Latina... y con él discutir quién es quien a la hora de señalar con el dedo a los terroristas.
El difraz de Chile como Montevideo es fuerte, y verlo ahora mucho más... en Chile no se pudo ver esta historia hasta los años noventa... por lo que como una mala premonición... un año después de la filmación la realidad superó a la ficción... y las calles se llenaron de militares, de miedo y de torturas... y la Escuela de las Américas se hizo presente ahora con el nombre de Manuel Contreras. "El dolor exacto en el lugar exacto en la cantidad exacta para lograr el efecto deseado" eran las palabras que Mitrione inculcaba a los Contreras, Galtieris, Noriegas, Montecinos y otros nombres que se han convertido en sinónimo de muerte en América Latina se escriben con las letras de los días de esas nefastas enseñanzas.
América del Sur es un grito en común que no parece importar mucho en el concierto mundial, pero pese a todo... es lo nuestro. lleno de sabores y contradicciones que no necesitan asesorías ni consejos de los que han logrado lo suyo a punta del crimen y la muerte. Hoy los Tupamaros han dejado las armas, se encuentran algunos en el parlamento uruguayo, los años los fueron calmando. La revolución cubana, los montoneros y otras guerrillas han ido cesando con el presente... los tupamaros se pueden nombrar y gritar al viento su nombre (antes prohibido)... no lograron mucho a nivel político... pero a nivel de conciencia y de ideas hicieron temblar las estructuras que se sembraban desde esa escuela del terror de Panamá. Ahora que parece que el mundo tuviera consenso ver las cosas de otro modo parece ser un ancla hacia el pasado... pero para no seguir rompiendo los íconos del diálogo vacío y la pobre retórica del siglo XXI, me quedo una vez más con la imagen que Costa Gavras muestra del mundo que no vemos.
Como desde hace un tiempo no tengo automovil, me desplazo en transporte público... en uno de esos viajes hace unos días en la micro de vuelta, tuve la mala fortuna de encontrarme con los barristas de Colo-colo que venían saliendo del estadio, por supuesto tomaron por asalto la micro entrando por las puertas de salida e inundando la micro... se fueron cantando todo el camino, yo un poco incómodo por la situación, no me quedó más que resignarme a escuchar los cantos de un equipo que no me representa... hasta ahí no había problema... hasta que pasamos por el Estadio Nacional y jugaba la Universidad Católica... en ese momento los de Colo-colo escondieron sus banderas... pero los mas pequeños bajaron de la micro a lanzarles piedras... sin darse cuenta que la micro estaba detenida por tener luz roja... ahí si que volaron las piedras dentro de la micro... con piedras grandes reventaron todos los vidrios del bus... todos estabamos en el suelo... y el busno podía partir... lo increible que el único vidrio que se salvó fue el mío.... pero la escena fue muy terrible... Creo que ha sido una de las situaciones extremas más cercanas que me han tocado en este último tiempo.
No podía entender tanta rabia... hasta que unos días atrás fui al estadio a ver un partido y entre tantas groserías e insultos que le di al arbitro y a los otros jugadores, me sentí un poco liberado por unos minutos... de qué? no lo se. Pero entendí que muchos sentían lo mismo, es casi como sentirse parte de un proyecto en común, en que tu grito junto al de otros se transforma en un rugido, y a la vez tu voz se hace fuerte y se esconde al mismo tiempo entre esa bulla que ya desconocía.Pese a ello hay situaciones límites que distan mucho de la racionalidad y la comunicación.
En este caso el profesor de astrofísica David Summer (Dustin Hoffman) decide viajar al pueblo natal de su esposa en la Gran Bretaña, aburrido de la violencia urbana de esos años sesenta en Estados Unidos, prefiere el paisaje bucólico de un pequeño pueblo. Su esposa Amy (Susan George) es una mujer realmente hermosa, de esas bellezas que no pasan desapercibidas... sus antiguos novios de adolescencia ahora la ven con la lascivia de la pérdida que ya no pueden alcanzar... ella lo sabe y se mantiene al filo de un juego de seducción con ellos. Para todos es peligroso reencontrarnos con los viejos amores... en los ojos aparece una pequeña chispa de ese fuego intenso que la memoria rescata de aquellos fogosos momentos de pasión que quedan marcados como el fierro en las marcas del ganado. En un pueblo moribundo los pocos jovenes que aún quedan se recuerdan de Amy... y verla de regreso sin duda es un acontecimiento.
Un garage a medio terminar se convierte en la excusa que tienen los antiguos amores para estar cerca de Amy. Las cosas comienzan a complicarse con los trabajadores que trabajan demasiado lento, beben mucho y no dejan de mirar a Amy todo el tiempo. Un día aparece el gato ahorcado y David comprende que las cosas ahora son más serias de lo que él pensaba. Un día lo invitan a cazar a un bosque cercano, en el cual lo dejan solo... mientras los "trabajadores" deciden entrar a la casa para encontrar a Amy sola... en ese momento se produce una de las violaciones más fuertes de la película... sabíamos que las cosas no están bien... pero que ocurra algo como esto sin duda, llena de odio e impotencia.
El cine es para vivirlo, sin duda... hay que verlo con el cuerpo completo... no es sólo ver y escuchar... hay que pensar, enamorarse, llorar, excitarse en fin sentir con él. Por eso hay ejemplos de situaciones que hacen que te sientas al límite. En este caso el odio hace que reaparezcan una y otra vez la cara de los violadores y esa maldita situación de superioridad complice entre el victimario y la victima permitirían que pueden volver a ocurrir en cualquier momento otro ataque... ahora las cosas se estan volviendo más oscuras en el cinismo rural que esconde un violento mundo de crimenes silenciosos.
Hasta ahí las cosas se vuelven más terribles y la paciencia de David, que parecía un oasis dentro de tanta irracionalidad, ahora está llegando al límite... mientras Amy ya no soporta estar en ninguna parte... pronto una de las escenas más violentas que podrían en cierto modo liberarnos de toda la tensión que nos han dejado las escenas anteriores... en medio de tantos golpes y violencias parecen hacer justicia de todo lo sufrido... pero ni eso sirve para curar las heridas... las violencias no curan lo violento, no sirven para venganzas. Por eso no creo en la pena de muerte, porque creo que hacer lo mismo que el victimario nos rebaja al mismo delincuente, no es un catalizador moral contra los perros de paja. Los que tiraron las piedras en el bus en el que iba tal vez buscaban hacer justicia por su equipo... pero al final el acto de irracionalidad es tan estúpido como las razones... pero cuando una juventud no tiene más futuro que el que le da su equipo... no hay más que pedir... si no todo lo contrario... hay que dar más... más esperanzas a las frustraciones que tienen las limitaciones culturales y geográficas con algunos que el futuro se parece más a una condena que a un sueño... la racionalidad y la estupidez se disfrazan la una de la otra y son capaces de hacer barbaridades que después se lamentan, como el joven que asesinó a otro hace unos días pensando que lo querían asaltar... los canales ahora condenan... mientras están mostrando todo el día los supuestos peligros de la sociedad... con programas que hacen gargaras con el "aumento" de la delincuencia diaria... así creamos nuevos perros de paja, para llenar las crónicas rojas de los próximos diarios... ¿podremos parar esto alguna vez?
No me convence de esa idea de que la familia sea el nucleo principal de fidelidad en la vida, no lo digo por mi caso, pero me ha tocado ver traiciones familiares, desde la infidelidad hasta hermanos que se destruyen en guerras fraticidas por herencias familiares. Como si no importaran esos miles de almuerzos, las enseñanzas, los días en que al salir del colegio alguien los esperara, las vacaciones armando castillos de arenas, sanando heridas y otras miles de cosas que la familia hizo por nosotros. Se puede hacer una lista de casos desde una mamá que esta semana violaba a su hija mientras la drogaba, un hijo que asesina a su padre y una mujer que manda a matar al novio de su sobrina... por una herencia. En fin parece que la fidelidad al dinero es más poderosa que cualquier recuerdo que parezca importante.
Pero al hablar de quiebres familiares, creo que una de las tragedias más grandes que me ha tocado ver en el cinees la de Ran de Akira Kurosawa. Independiente que sea una adaptación del Rey Lear... es una historia que conmueve y contrae al mismo tiempo. Es que antes de Peter Jackson las grandes batallas entre ejercitos infinitos a caballos, parecen ser obra del director japonés.
Todo parece tranquilo mientras un jabalí corre asustado entre caballos y nobles que terminan cazandolo... pero de que sirve comerse a un animal viejo, parece ser un trofeo sin valor... en medio de unas pequeñas rencillas por la boda del hijo menor. El gran señor Hidetora Ichimonji (Tatsuya Nakadai) en plena era Sengoku en que la tierra estaba fraccionada por una guerra civil interminable, descansaba mirando lo conquistado. Él ya es un anciano que dio su aliento por unificar los feudos cercanos, consiguió tres castillos y dejó en la paz a muchos sectores, sin duda Hidetora era un hombre de temer, porque las conquistas fueron hechas con fuego y sangre, pero las arrugas ya indicaban que era hora de descansar.
Después de un sueño extraño al despertar Hidetora decide abdicar en favor a sus hijos. Donde su hijo mayor Taro (Akira Terao) será el nuevo señor de las tierras, mientras los hijos menores vivirán en los otros dos castillos. La decisión precipitada deja al hijo menor Saburo (Daisuke Ryu) en condiciones muy desfavorables. La honestidad de Saburo es peligrosa y el señor Hidetora no se encuentra cómodo con las verdades que el hijo menor le lanza... con mucha rabia decide expulsarlo de su reino, quedando todo entre los dos hermanos mayores Taro y Jiro (Jinpachi Nezu).
Pero el poder nubla, me ha tocado de ver como amigos que al poseer cargos en sus trabajos, han dejado de saludarme, e incluso hacer que sea invisible porque en el metro sus ojos ni siquiera saludan. En el caso de Taro y por la influencia de su esposa... deciden tener el poder absoluto en el reino y le quitan todos los poderes al viejo Hidetora... de ahí en adelante el hombre más poderoso se convierte en un vagabundo que se esconde en la sombra de su reino, amenazado de muerte por sus propios hijos. La fidelidad del pobre viejo sólo es suplida por su bufón de palacio que lo acompaña. Pero en medio de la pena se descubre que la vida se encarga a veces de saldar cuentas. ¿Qué pueden aprender de lealtad hijos que sólo vieron a su padre traicionar a sus conocidos?, que le arrancaba los ojos a los amigos, que quemaba castillos con personas en el interior.
No es lo mismo lo que los padren hablan con sus palabras, que lo que dicen con sus hechos... todas las cosas que uno hace en la vida son declaraciones de amor, en el trabajo y en los gestos más simples estamos haciendo entender que lo hacemos por alguien más que por algo... cuando descubrimos que nuestras metas tienen nombre de la persona amada o de los hijos. La vida tiene otro sentido... que parece ser el verdadero. Ese sentido es más fuerte que el de familia, pese a que algunos creen que la familia es la suma de personas que amamos cuando en realidad es el concepto al revés... todos los que amamos, los que aparecen en nuestros primeros pensamientos matinales conforman nuestra familia, porque son ellos a quienes van dirigidas nuestras declaraciones de amor cotidianas y es a ellos a quienes les enseñamos a ser quienes somos. En Ran el conflicto familiar es total... pero cuando el amor parece asesinado por la traición, hay gestos que parecen simples que se convierten en perdones, en fidelidades y en pasos que incluso arriesgan más que se traducen en llamas de esperanza. Sin duda una de las más gandiosas historias del cine del director que se convirtió en nuestro puente entre oriente y occidente.
Afortunadamente mis papás me contaron que vivíamos en dictadura... así que supe que era normal para ese momento lo que ahora es irracional, así que entendía que en plena época de plebiscito habían dos dirigentes sindicales relegados en Parral... ser relegado era una figura extraña porque eres exiliado dentro de tu propio país. Como Chile es una país tan centralista y cada vez más urbano, quedar relegado es casí como amarrarte las manos. Así Manuel Bustos y Arturo Martínez se hicieron símbolo de esos últimos días de dictadura en Chile. Pero es extraño esa figura de relegar... como si vivir en un lugar rural fuera un castigo, como si las grandes ciudades fueran el paraíso, y el campo se convirtiera en una prisión sin progreso... aunque en la vorágine de la esperanza pareciera ser que algo de cierto tiene, cuando cada vez los jóvenes buscan trabajo y estudios en sectores urbanos aledaños, mientras la proletarización de los campesinos los hizo pasar de inquilinos a obreros de agroindustria y temporeros. Las pequeñas ciudades parecen convertidas a mantenerse en pie más por la dignidad que da su propia historia que por razones económicas... esa transición constante nos mantiene en uno y otro lado de la frontera de Chile... y sin querer queriendo Ricardo Larraín marcó el punto de inflexión en una de las películas más importantes que la década del noventa le dio a Chile.
En medio de la niebla los caminos se colocan más misteriosos, los ojos se abren y las luces se hacen más necesarias, así son eso caminos de Chile que en los años ochenta entre el óxido y el regreso parecían hacer resurgir... así como esa niebla que al mediodía comienza a despejar eran los últimos días de la dictadura para Chile... y en esos caminos se movían los dos agentes del servicio secreto con el profesor Ramiro Orellana (Patricio Contreras) con destino a su lugar de confinación en pleno sur de Chile. El trato entre ambos era de cordialidad como indicando que los enfretamientos después de más de diecisiete años ya empezaban a calmarse, la frontera entre la condena y la libertad era el paso por un río en un pequeño transporte que llevaba hacia un lugar que parecía sacado desde el fondo de las profundidades del dolor y de la desesperanza.
En realidad para un relegado la verdadera prisión se encuentra en un libro y un lapiz que los obliga una y otra vez a firmar su permanencia, la llegada de Ramiro es un evento para un lugar pequeño, tan minúsculo que ni policía tiene, sólo un delegado que los llama por teléfono si hay algún problema... pero tampoco sabe demasiado de los procedimientos y la llegada de un relegado, es una figura que tampoco entiende muy bien. Así la diferencia entre un profesor que firma una carta en apoyo de un colega preso es llamada "terrorista" por sus coterráneos... algo que puede causar risa al verlo. Pero la diferencia lingüística entre lo que unos y otros llaman terrorista sólo se distingue entre los independientes y el Estado. Cuando nadie llama a un Estado completo que invade otros territorios, que posee organismos que fomentan golpes de estados y afixia economías no se les llama de igual modo.
Pero la belleza del lugar (que no se menciona pero es en Puerto Saavedra) va haciendo del profesor Orellana una persona distinta, de tanto hablar en las aulas se va perdiendo el sentido de la audición, pero acá en su exilio interno el profesor vuelve a sentir como el mar gime al besar la arena, como los pajaros acarician los árboles y como se sienten los habitantes del poblado que parecen ser libres, pero que en realidad son relegados que su firma la estampan en otros libros, con cadenas perpetuas por lo vivido sin que estos sean en forma necesaria crímenes contra alguién. Un anciano (Patricio Bunster) que parado en el muelle viaja con su imaginación a su España Republicana que lo exilió. Un buzo que con su escafandra se sumerge en busca del lugar en que se comunican los dos océanos que producen los maremotos, una bibliotecaria llamada Maite (Gloria Laso) que en un maremoto el mar le arrancó a su madre y a su hijo, y ahora cada día lucha contra ese pasado que se derruye con la marea, la humedad, el sol y el tiempo.
El Winnipeg de Neruda trae muy pequeña a Maite de las garras de Franco a Chile, a Ramiro le llama la atención que ella pese a vivir más de cincuenta años en Chile ella siga con su acento español tan marcado... "Algo había que conservar, ¿no le parece? Primero perdimos la guerra en España,luego perdí a mi hombre hermoso y cobarde que me dejó un hijo y huyó, luego fue el maremoto y después... volvimos a perder..." le dice Maite a Ramiro, mientras la casa del pasado sigue iluminando un florero y un retrato que lucha contra el mar. Pero ¿qué vale la pena realmente para Ramiro?, es tanto lo sufrido y tanto lo perdido, que el encontrarse en ese mundo mágico en que el mar hace desaparecer, en que los hombres viajan con la mente o con escafandra buscando sus verdades... parece que el pueblo contiene solo malas ilusiones de un mundo triste.
Un mundo triste en el que los hombres bailan entre si, se abrazan al compás una música de lamentos y una visita del pasado que se queda en la frontera del pasado y el presente, una esposa que regresa del exilio europeo, un hijo que ya no recuerda el idioma y un camarada que ha actuado de padre putativo y al parecer... de esposo también... el agua es nuevamente la que domina ahora como la barrera de lo íntimo... un regreso sin abrazos, sólo gritos íntimos de desesperanza y amor... pero entre todo lo que olvido se encargado de destruir aparece un himno que aún queda en el inconciente de un hijo... así para Ramiro las cosas comienzan a tener más sentido en su relegamiento, ahora parece que el castigo se convierte en la oportunidad de nacer de nuevo, de creer y de crear, de buscar los mundos profundos bajo el mar. De encontrar el sabor del amor en otra boca, en fin la oportunidad de ser nuevamente Chile desde sus huesos y su carne.
Chile está lleno de fronteras desde la propia Cordillera de Los Andes, hasta el inmenso mar, el desierto árido y el hielo eterno, hay fronteras que lo hacen ser distinto de los soñado y lo vivido. En medio de tantas barreras, crecer se ha convertido en un desafío que vuelve mágico algunas historias personales. Ramiro tiene eso de estar en ninguna en parte dentro de tu propia casa y al momento de ser libre, no se sabe si en realidad te cambiaste de prisión o solamente tienes un espejo enfrente que te hace ver los lugares más amplios que la claustrofóbica realidad del angosto territorio. Cuando el país aún habitaba entre la frontera del horror de la dictadura y el comienzo de la democracia... El cine chileno tuvo en La Frontera de Ricardo Larraín, la película más real de la fantasía que sólo en ese extraño muno podía pasar.
Era en un sábado de julio de 2004 en la catedral metropolitana de Santiago, al lado de la plaza de armas , unas voces extrañas le indicaban a Rodrigo Orias que tenía que cumplir una extraña misión... completamente perturbado por esas voces un cuchillo en su mano terminó con la vida de un sacerdote italiano de sesenta y nueve años... en medio de sus feligreses Faustino Gazziero murió asesinado por Rodrigo Orias, sin duda una escena terrible y extraña al conocer poco a poco quien era Rodrigo... En esos días en que los sacerdotes aún tenían algo de respeto y credibilidad. El tiempo fue indicando que en realidad habían unos seres extraños que dominaban la mente de Orias, y que le habían obligado a viajar hasta Santiago desde el sur de Chile con el fin de cumplir su misión, la tragedia para la familia que no podía entender que fue lo que pasó por la mente de Rodrigo... el tiempo dijo que las voces que le hablaban eran las de la ezquizofrenia...
Los nombres loshabía olvidado hasta que Tomás Cox en un programa entrevistó a Carmen Arroyo la abogada del esquizofrénico y de otro caso de Gemita Bueno. El "elegante" conductor se encontraba horrorizado de que el asesino estuviera en libertad. A lo que la abogada le dijo que en realidad mientras se encuentre con sus medicamentos Rodrigo Orias podía estar bien... pero a mi más que eso me llamó la atención la facilidad de algunos para condenar a otros... después de saber que es señor Cox tiene una empresa en que arrienda gente linda para que vaya a fiestas aparentando conocer al dueño de casa, una de las cosas más triste y poco normales que he escuchado en la fauna chilena.
Fred Madison (Bill Pullman) recibe un extraño mensaje en el citófono de su casa "Dick Laurant está muerto" al mirar por una ventana quien dijo el mensaje no había nadie en la puerta... y peor aún no tiene idea de quien era Dick Laurant... el suceso extraño es el comienzo de situaciones más extrañas, cuando cada día comienza a llegar un VHS con imágenes de su casa, para él y para su esposa Renee (Patricia Arquette) el hecho les hace preocuparse de quien está detrás de esto.
Las extrañas imagenes parecen tener coherencia en medio de fiestas, personajes extraños y desordenes visuales, un video llega a la casa y muestra el asesinato de su esposa por alguien, hasta que sin darse cuenta en medio de la sangre es el propio Fred quien, perturbado por los celos, había matado a Renee y a su amante. El crimen lleva a Fred hasta la carcel hasta que las cosas comienzan a colocarse más extrañas cuando un momento en que la conciencia confiesa que Fred había acabado con su esposa, la mente empieza a dar giros extraños.
En el lugar en que debería estar Fred aparece un joven mecánico llamado Pete dayton (Balthazar Getty) que en estado amnésico tampoco sabe que fue lo que hizo como para encontrarse encarcelado, así la historia parece introducirse por un sinuoso camino perdido en que como siempre (al mejor estilo de Lynch) no se entiende nada... en medio de los naufragios que ya me tiene acostumbrado el cine de éste autor. La historia de Pete parece no tener coherencia ni coincidencia con la historia anterior.
No es bueno ser amigo de la mafia, pero el talento de Pete lo conduce por caminos dificiles de esa carretera peligrosa de la vida, al enamorarse de Alice (Patricia Arquette de nuevo) la novia del Mister Eddy, el jefe de una mafia peligrosa... ahora las cosas se complican y parecen unirse en una serie de mentiras y verdades que van perturbando la mente de todos los que se pasean por la película, es ahí cuando entendí que las cosas que Lynch muestra son simplemente como recordar las cosas a la manera de los personajes, y eso no quiere decir que las cosas sean reales o que pasen en forma lineal.
Entre perturbaciones sexuales y pasionales masculinas y esa frialdad superioridad que las mujeres muestran la carretera perdida es en realidad un serie de desconexiones de la realidad que hacen que lo que la mente imagina sea real para quienes viven dentro de ese oscuro mundo, así como esas voces que obligaron a Orias a asesinar al cura en la catedral. Las realidades en la mentes perturbadas existen y se materializan en situaciones que la mente con el tiempo comienza a modelar e interpretar cuando el camino parece recorrido y lo que parece llevar por mundos perdidos comienza a explicarse y a entender que el destino y la racionalidad no nos llevan de la mano por donde soñamos... es la irracionalidad la que nos conduce hasta donde hoy estamos... cuando nos enamoramos, cuando tenemos celos o cuando deseamos algo una y otra vez hacemos un nuevo giro para ingresar a otra carretera que no conocemos y que no sabemos como saldremos y hacia donde nos llevará.
Cuatro días me quedé acostado en mi departamento, nada me movió, nada me hizo levantarme, ni el hambre, ni el desorden que me inundaba (como nunca), es que hay días en que parece que nada vale la pena. Tanto esfuerzo, tanto amor que se entrega sin nada a cambio, tanta vida que se da que parece gastarse... así ¿qué ganas dan de levantarse?... un ataque de tos que hace retorcer, no tengo fiebre al menos así que el fantasma del AH1N1 se aleja... depresión, estrés de tantas clases... como si lo mío se va perdiendo, el desánimo abunda por todos lados... incluso el blog parece importar menos... en fin. ¿Qué es lo importante realmente?. Como si en algún momento empezará mi felicidad... cuando me enamoré realmente, o cuando reconozcan que amo... y hace unos días escribía que venía a ofrecer mi corazón... ahora en el entierro de mi propia cama, todo parece distinto... Treinta y dos años parecen ser muchos años para mirar el pasado y ver en las fotos que en realidad han pasado menos cosas de las que uno cree, como si las cosas no tuviesen motivo para estar...
Hay algo en la mirada de Steve Zissou (Bill Murray) que cautiva... como un perro fiel que me interpreta, con un gorro rojo lleno de orgullos de un pasado que de tanto querer regresar hace que el presente sea algo que estorba... pero el saudade de Zissou se inunda con el nombre de Esteban, que ha fallecido en las mandibulas de un extraño tiburón de las profundidades... Steve sólo piensa en regresar a eliminar al asesino de su amigo de documentales.... en medio de toda la depresión que suma y sigue la serie de eventos que paracen sumergir en la parte más baja de la vida de un gran hombre... todo parece triste para él... y para mi en mis días de encierro y desgano se llenan de fuerza mientras por extrañas circunstancias por la cubierta del "Belafonte" Steve camina pensativa y el volumen de la voz de David Bowie canta...
Sailors fighting in the dance hall Oh man! Look at those cavemen go It's the freakiest show Take a look at the Lawman Beating up the wrong guy Oh man! Wonder if he'll ever know He's in the best selling show Is there life on Mars?
En la proa del barco enciende un cigarro mirando hacia el horizonte, detrás de él está todo el pasado... con lo glorioso y lo escondido... sólo queda mirar al frente y ver como las olas chocan con el barco y seguir avanzando.
Así Steve Zissou entró al panteón de mis heroes en treintay cinco milímetros, como el ser que me levantó de mi cama y me hizo ver una película cinco veces seguidas... incluso ahora que escribo esto... siento como uno se va rejuveneciendo cada vez que el celeste de los uniformes va mostrando al hombre que quiere ser padre, al hijo que quiere ser hijo en una y otra lección de fidelidad adquirida en ese tiempo en que parece que el otoño va acechando la vida... el team sigue ahí, fiel a su líder esperando el reencuentro con el tiburón. mientras una periodista embarazada (Cate Blanchett) trata de retratar los días en el Belafonte y su deplorable estado actual.
Pero la vida se encarga una y otra vez de regalarnos sorpresas y de nosotros depende como las recibimos, en el caso de Steve hay una batalla constante entre la desilusión y las ganas de seguir creyendo. De encontrar al tiburón y todo se interpone a ese momento, desde lo màs inverosimil hasta las envidias se interponen esta hazaña. En realidad la vida no se parece en nada a la vida acuática de Steve Zissou, pero tanta magia, hace levantarse y salir de cuatro días de letargo... con más ganas de luchar, de reir y de creer que el futuro es maravilloso porque se construye con las mejores ideas, con los sueños y lleno de esperanzas.
Wes Anderson una vez más me hace amar las familias desde los Tenenbaums y Daarjeling Limited... toca cada fibra del amor en medio de historias poco convencionales pero llenas de colores que podrían pasar sólo a seres especiales, como esta especie de Jacques Costeau del cine. En medio de las profundidades del alma, cuando ya parecen no quedar más fuerzas el Belafonte nos puede llevar a un viaje mágico en que las canciones de David Bowie suenan como bossanova, en que los peces son de colores y se mueven al stop motion, en que el amor se refleja en los pliegues de una simple bandera... en que desde lo màs hondo, cuando ya nada nos puede llevar más hacia el interior comenzamos a salir nuevamente victoriosos... porque vencimos al desanimo y ¡nos levantamos de la cama para empezar a soñar!.
Ay, París cuanto rostro fingiendo la paz disfrazados de un gesto feliz que no es más que un barniz un grotesco antifaz ocultando a París*
De diez palabras que a dario digo una es París, es que esos días de diciembre y enero han quedado marcados como fragua en mi ser. Creo que nadie puede morir sin conocer esa ciudad tan llena de luz. Mi dosis de París la tuve el año pasado y este comienzo de año. Los ojos brillan con tanta belleza y quedan impregnados de una mirada perdida que en algunos días de junio se transportó hacia mi propia terraza. Cuando unos hermosos ojos claros se posaban cada mañana en el sol que salía por mi Cordillera de Los Andes. Cada día fue distinto mientras ella se quedó en mi departamento santiaguino. Fue la luz de París, o mejor dicho de Meudon que se posó en la luz santiaguina. Uno trata de ser lo más cordial cuando llegan visitas extranjeras... y a la vez redescubre lo que tiene al hablar de su país. En mi caso descubrí que había en la historia de Chile cosas que contenían a la capital francesa. Desde la explosión folclórica del siglo XX a la diaspora del exilio... asi de a poco aparecía el Quartier Latin, o Colombes, y la fiesta de L'Humanite. Salían pasados y presentes de un país sudamericano herido por el pasado que trata de recuperarse. Sin duda serán días inolvidables estos días en que al mes de junio le salieron brazos que acariciaban y se deslizaban acompañando lágrimas y miedos mutuos. En medio del frio y la lluvia dominical un día partimos a un cine del Parque Arauco, parecía ironía pero para una parisina venir a Santiago a ver una película de París de Klapisch era algo diferente... ver a tu ciudad en un lugar tan lejano tiene otro sabor... un poco melancólico y ansioso. Después de noches mirando "Machuca" y la mítica "Batalla de Chile" como para contar lo que Chile vivió en los turbulentos años setenta... era buena una dosis de París, para ambos. Mientras las calles salen en las primeras escenas mi corazón empieza a latir con más fuerza, confirmando una vez más que lo que decía como un papagayo una y otra vez es cierto "París es una ciudad hermosa" y en la sonrisa de Elise (Julliete Binoche) los edificios se ven más hermosos... los niños en el "muniverso" entre el Panteón y los jardines de Louxembourg felices de vivir. Mientras un joven (Romain Duris) baila en un cabaret, una hermosa joven (Mélanie Laurent) camina hablando por su celular camino a su clase, un profesor universitario (Fabrice Luchini) graba un programa sobre la ciudad y su hermano (François Cluzet)dirige la construcción de nuevos edificios y trabajadores del mercado se mueven constantemente (Albert Dupontel, Zinedine Soualem, Julie Ferrier...entreo otros), la vida cotidiana se pasea por desconocidos entre las baguettes de la boulangerie y el conjunto de soledades que mueven todas las ciudades en busca de nuevos sueños.
París es la mejor excusa para enamorarse una y otra vez de la vida, mientras las noticias no son alentadoras para Pierre el bailarín su corazón no puede funcionar bien y la muerte se le acerca, con eso empieza a abrir las ventanas para ver en un extremo la centenaria Torre Eiffel y al otro extremo la Montparnasse ; y recibir la brisa acariciando su tristeza desde el último piso desde el que se ven los ojos hermosos de Laetitia recibiendo hermosos mensajes de amor de un desconocido por celular... en fin las calles que parten desde rotondas a lugares infinitos son el escenario de la construcción de una conformidad que hace que los días pasen de lo cotidiano a lo extraordinario. Mientras que de tanto saludar a la señora que compra el pescado las cosas se ven más hermosas, un profesor se enamora perdidamente de una alumna y un constructor en que todo le resulta perfecto se preocupa del porqué parece su vida más perfecta.
Pero las ciudades se proyectan más lejos de lo que ellas mismas creen, desde Camerún los sueños de llegar a una ciudad europeos se convierte en una dificil aventura en una lancha oscura que en alguna playa se posaran para vivir dentro de las postales de sueños. En fin las ciudades se van conformando de una serie de lugares y momentos que nos relacionan desde distintas perspectivas hacia el mismo centro común... en el centro de todo están esos labios que sellan el beso cálido, como una meta en común el amor a la vida se vuelve lágrimas, y todos en el fondo disfrazados de gestos, vamos armando en calles e historias esa mole hermosa que es vivir.
Los ojos inolvidables de esos días lindos de París, estuvieron de regreso iluminando los días fríos de Santiago, entre los miedos a la soledad definitiva, la espuma que le daba mordiscos al mar en Isla Negra mientras la tumba de Neruda descansaba entre los pinos del barco en tierra, mientras la Cordillera de Los Andes nos despertaba como el referente de Santiago, mientras las copas de vino y el cigarro en el frío se convertía en palabras llenas de honestidad, el compartir soledades momentaneas hizo de esas dos semanas en algo dificil de olvidar.
Hoy el sol sigue saliendo por la Cordillera buscando si es que te encuentras, el mar de Isla Negra se esparce entre las rocas, las noches de Lastarria siguen sonando y Santiago sigue buscando esas pisadas que hacían entrevistas de otras realidades... mientras en París las vidas que Klapisch retrataba siguen moldeando los sueños.
Sigamos felices entonces de vivir entre cordilleras y ciudades luminosas que le dejan repitiendo incesantemente esas dos silabas llenas de sueños.
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